Calidad de vida: “Llama la atención la crueldad y fuerza de los casos de bullying”

Calidad de vida: “Llama la atención la crueldad y fuerza de los casos de bullying”
Si bien no es una problemática nueva, las situaciones de agresión entre pares en las escuelas se vuelven cada vez más graves y constantes. Especialistas destacan cuáles son las señales de alerta.

A Juan lo discriminan porque tiene sobrepeso. De Laura se ríen por su color de piel y de Luis porque muchas veces no llega a copiar todo lo que la maestra escribe en el pizarrón. A Pablo le esconden la mochila o le sacan los lápices de la cartuchera todos los días. Y a Clara le publicaron una foto en Facebook que le sacaron en el baño. Se trata de situaciones cada vez más habituales, más allá de algunas variaciones, en las escuelas santafesinas. Y en todas hay otro factor común: los espectadores. Es que sin público que aplauda, se ría o acompañe al agresor, el bullying no existe.

De manera constante mamás y papás desfilan por las oficinas de los directivos y del Inadi para pedir ayuda por sus hijos no quieren ir más a la escuela porque están siendo víctimas de acoso. Pero la poca preparación de los educadores y la gran cantidad de chicos por curso hace más fácil mirar al costado que enfrentar la realidad.

La delegada local del Inadi, Stella Vallejos, señaló a Diario UNO que la demanda de asistencia por casos de violencia en el ámbito escolar es constante y que las familias que se acercan buscan poder resolver el problema y que su hijo o hija siga asistiendo a la misma escuela. Sin embargo, reconoció que hay casos en que los papás decidieron cambiarlo de colegio porque el cuerpo directivo no ofreció respuestas reales ni realizó las intervenciones necesarias para terminar con las agresiones.

¿Cuáles son los perfiles a los que hay que estar atentos? ¿De qué manera se puede abordar el tema en el hogar y en el aula? ¿Cuáles son las señales que deben despertar el alerta? ¿Dónde se puede buscar ayuda?

Un problema del grupo

Diario UNO consultó a la psicóloga social y diplomada en Salud Escolar, Nancy Francalanza, quien se refirió al nivel de agresividad que hay entre los jóvenes aunque aclaró que no en todos los casos se trata de acoso escolar o bullying.

“Ante todo, deseo aclarar que no todas las situaciones de conflicto, peleas de niños y jóvenes y ciertas manifestaciones de violencia, entran en la clasificación de acoso escolar”, sostuvo y siguió: “Hace varias décadas, y desde diferentes países, se vienen documentando situaciones y consecuencias que trae aparejado el hostigamiento de unos contra otros desde una asimetría de poder, donde el más fuerte en apariencia, humilla y descalifica sistemáticamente a un sujeto más débil vulnerándolo, incluso con presencia de otros niños y jóvenes que instigan muchas veces al acosador”.

Al respecto, agregó que esas conductas abusivas se visibilizan y reconocen hoy no por ser una novedad, sino porque la crueldad y fuerza con que se presentan los casos, muchas veces son inusitados. “Esos actos negativos, reiterados y sistemáticos, erosionan la autoestima del acosado por lo cual, si bien hay variantes de conductas abusivas lo que se reitera es que el acoso, el bullying como también se denomina. Es importante entender que esas manifestaciones de violencias se gestan en el interior de los vínculos”, detalló y continuó: “Esas manifestaciones que no sólo se dan en la escuela, sino también en otros espacios e instituciones, dejan al descubierto la falta de madurez para prevenir y promocionar salud vincular, ya que muchas veces se estimula y colabora de diferentes maneras para que la ausencia de respeto se instale en un entretejido de violencia en la trama social. Abordar situaciones como ésas que son multifactoriales, policausales y multideterminadas, requieren de un toma de conciencia y real involucramiento, ya que como adultos tenemos la responsabilidad y el compromiso indelegable e impostergable de defender valores esenciales para construir un presente digno y dejar buenos legados”.

Y, al respecto, realizó una distinción muy clara entre lo que es la violencia en las escuelas y lo que es la violencia escolar. “La primera se trata de hechos de violencia social que irrumpen en la escuela y en las aulas y la noción de violencia escolar apunta específicamente a definir los procesos antidemocráticos provocados por el sistema educativo”, marcó.

—¿Cuáles son los factores que predisponen, dentro de la institución escolar, que haya situaciones de acoso?

—Entender este fenómeno desde un análisis simplista sin mirar la complejidad nos impediría realizar otras articulaciones, ya que el sufrimiento acumulado de los que niños y jóvenes que acosan, las humillaciones de los acosados, los estallidos y padecimientos que también aparecen en otros ámbitos, encuentran en las instituciones escolares un lugar para mostrar el malestar. Justamente son las instituciones educativas las que a partir de sus intervenciones pueden contener o reforzar la reproducción del padecimiento. La escuela no es sólo productora de conocimiento sino una institución social productora de subjetividad. Las instituciones educativas continúan siendo uno de los pocos espacios y lugares seguros, donde es posible ser productores de subjetividad e, incluso, promover procesos de re-subjetivación en los alumnos y en sus familias. Sabemos que no hay un sólo factor que pueda explicar esas situaciones. La violencia es producto de dos cosas. Por un lado, el resentimiento por promesas incumplidas y, por el otro, la falta de perspectiva de futuro.

“Personalmente –siguió– también sostengo que en tanto hay factores económicos políticos, sociales, pedagógicos, educativos, personales y contextuales es necesario hacer quiebre con otros mitos ya que el acoso escolar no sólo es violencia física, aunque es el más fácil de identificar. Existe el acoso verbal que, a pesar de poder quedar encubierto por sus formas sutiles, produce gran mortificación en quien lo padece, ya que daña emocionalmente. El acoso relacional es otra de las formas de exclusión donde el que queda afuera se siente altamente afectado”.

Al respecto insistió con la importancia de no naturalizar esas situaciones ni de restarles importancia. “El acoso escolar tampoco es juego de niños ni una vía normal para resolver conflictos entre pares. Ni es «cosa de varones» ya que entre mujeres se dan situaciones similares, no se da solamente en algunos estratos sociales ni el problema sólo lo tiene el acosado. El acosador y los que presencian e instigan y animan al mismo, también necesitan ayuda”.

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