Algunos barrios de la ciudad pasan hasta tres días sin la cobertura, es decir sin que llegue el camión cisterna.
El malestar de los vecinos de la ciudad es una constante en diferentes flancos del ejido salteño. En ciertos barrios la situación es crítica, al punto tal que en algunas ocasiones pasaron hasta tres días sin agua, en otros casos, la presión es baja constantemente y, en otros, los cortes programados por Aguas del Norte se extienden por 16 horas seguidas.
No llegan las cañerías
Los habitantes de barrio El Mirador padecen la carencia del servicio básico desde hace décadas. Según comentaron a El Tribuno, sus intentos de ser escuchados han sido estériles, ya que la empresa en cuestión argumenta, ante cada llamado, que los reclamos son aislados.
"Aguas del Norte siempre dice que sos el único que llama, que nadie más se está quejando", dice Silvana Rodríguez, almacenera del barrio. Las clientes, que oyen atentas el descargo de Silvana, asienten enfáticamente agitando la cabeza.
Todas coinciden en que alguna vez telefonearon y que recibieron respuestas similares.
El agua es un servicio básico para cualquier ciudadano, sin distinción de barrio o condición social. A pesar de ello, en El Mirador la postergación está naturalizada a tal punto que se conforman con que se respeten las horas de corte programado. "A veces nos dicen que nos van a cortar desde las 17 hasta las 5 de la mañana, y al final no vuelve el agua hasta el mediodía", rezonga Dionisia Santos.
Ella comenta que entienden la necesidad de hacer cortes, pero que a veces pasan días enteros sin agua. Son empáticos ante la justificación que reciben, el agua tiene que llegar prioritariamente al centro de salud y a la escuela, dicen desde Aguas del Norte. El fundamento para con los vecinos se derrumba cuando, luego de conversar con ellos, los cronistas de El Tribuno constatan que el Centro de Salud N§ 60 permanece con las puertas cerradas.
En barrio Autódromo el panorama no es muy distinto. Milagro Torres, lectora del diario, se comunicó a través de Facebook para dar detalles de la precaria realidad hídrica. No les queda más opción que acumular agua en tachos que dejan a la intemperie, poniendo en riesgo la salubridad de sus viviendas a costa de preservar las reservas del líquido vital.
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