Uno de cada 4 padres le pega a sus hijos, pero aseguran que eso los vuelve violentos

Uno de cada 4 padres le pega a sus hijos, pero aseguran que eso los vuelve violentos

Según la visión profesional, los niños aprenden lo que ven y se comportan tal y como los demás se comportan con ellos. Si sus padres les pegan, aprenden que pegar.

Recientemente, Unicef dio a conocer un estudio que indica que uno de cada cuatro padres reconoce usar el “chirlo”, la palmada en la mano, el coscorrón y la bofetada como parte de los “correctivos”. Mientras tanto, la Organización de las Naciones Unidas recomendó leyes específicas contra todo tipo de maltrato infantil. Costa Rica, Venezuela, Uruguay y Honduras ya tienen normas de este tipo. Brasil acaba de sumarse, y en nuestro país también se busca modificar el Código Civil. 

Todo tipo de castigo a los chicos es muy mal visto por los profesionales involucrados en el tema, ya que las situaciones de violencia son asimiladas por los niños como algo normal para conseguir lo que se quiere, y lo único que se consigue es que se vuelvan agresivos. 

La psicóloga infantil Ana Muñoz sostuvo que desde hace tiempo se afirma “que no se debe pegar a los niños bajo ningún concepto”, y defiende otras técnicas más saludables y efectivas para disciplinarlos, y recordó que la ciencia aporta nuevos datos que apoyan esta afirmación. 

“Un estudio realizado en 2010 en Estados Unidos, ha encontrado que castigar a los niños con azotes a los 3 años de edad, hace que tengan un comportamiento más agresivo a la edad de 5 años”, reveló. 

Y aseguró: “Los niños aprenden lo que ven y se comportan tal y como los demás se comportan con ellos. Si sus padres les pegan, aprenden que pegar es un modo aceptable y normal de conseguir que los demás hagan lo que ellos quieren”. 

En este sentido, la profesional aseguró que cualquier forma de maltrato, “aún los pequeños chirlos que se justifican como inocentes correctivos”, pueden ocasionar un efecto contrario en los niños. 

Sostuvo que desde hace tiempo se afirma “que no se debe pegar a los niños bajo ningún concepto”, y defiende otras técnicas más saludables y efectivas para disciplinarlos, y recordó que la ciencia aporta nuevos datos que apoyan esta afirmación. 

Aunque la mayoría de los padres no ha podido controlarse y dieron un cachete a su hijo, pegar para educar no es la solución. Para los psicólogos no es efectivo ni el famoso “cachete a tiempo”, dado para asustar y alertar al pequeño. A los niños no se les puede educar a golpes. 

“El castigo físico forma parte del repertorio de conductas para educar, está naturalizado”, opina la doctora Fernanda Tarica, especialista en violencia, y asegura que “lo que hay que cambiar es el sistema de creencias que sigue arraigado en la sociedad. El patriarcado está vigente. Y a los niños se los sigue viendo como objeto de control, como algo a adoctrinar. En ese contexto, el castigo físico sigue siendo legítimo para muchos”. 

La profesional coincide con que a los golpes el chico “sólo aprende a pegar”. 

“Parece algo efectivo, pero lo es sólo en lo inmediato. El niño castigado se inhibe porque tiene miedo”, analizó. 

Agresión 

Al pegar, cachetear, pellizcar o tirar de los pelos a un niño por portarse mal, sólo les enseñan a tener miedo a que vuelvan a pegarle, pero no les hacen reflexionar, entender y reconocer que lo que hizo estaba mal. Por ejemplo, cuando se enseña a un niño a comer despacio, se le explica que si come rápido puede dolerle la tripita, y no que “si no comes bien, te pego”. Cuando este niño no esté vigilado por su padre o su madre, hará lo que le dé la gana. Los psicólogos que participaron en el estudio coinciden que cuando los padres llegan a dar en la nalga de su hijo es porque no han conseguido enseñarle los límites con razonamiento y lógica. No han tenido la paciencia ni la persistencia suficientes para hacerlo. Tal vez no crean que estas vías son posibles y menos aún si su hijo es pequeño. 

Según la guía de la Asociación Americana de Pediatría, un bebé de menos de 18 meses no entiende la conexión entre un cachete y el mal comportamiento. Agresión, maltrato, así como los golpes de todo orden, sólo generan secuelas en el plano psicológico de los pequeños que, más tarde o temprano pueden presentar problemas como reacciones violentas y agresivas, incapacidad para defenderse, baja autoestima, dificultades para relacionarse, falta de comunicación con sus padres, la mentira para evitar el castigo, etc. Se sentirán y serán siempre víctimas de la mala educación de sus padres. 

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