Con suerte, los vecinos reciben agua apenas un par de horas cada dos días. La vieja toma del río ya no da abasto.
Ya se siente el aroma a salsa que se desprende de la cocina. Allí, los trastos se han acumulado: hay varias ollas y platos sucios que ocupan más de media cocina. Es que no han visto el agua desde hace dos días. No es una novedad: este año ya tuvieron que padecer hasta casi una semana sin suministro. La necesidad aprieta y ellos pasan gran parte del día cerca de los caños: miran la televisión, barren, planchan y cocinan a metros de los grifos, no vaya a ser que hoy tengan suerte.
Desde hace años, los pobladores de Raco sufren la escasez de agua. Durante el período seco del año, la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) programa horarios y días para liberar el suministro del líquido. Pero, según los lugareños, el problema se ha recrudecido este último tiempo porque ha crecido la población y cada vez se construyen más casas de fin de semana. A pesar de ello, no se han realizado obras de ampliación en la toma y en la planta potabilizadora; los vecinos afirman que está igual que en la década de los 80. Además, el agua que se consume la provee el río Raco, que hoy es apenas un arroyo.
Por estos motivos, en la mayor parte de las casas de los residentes permanentes de Raco es posible ver a las mujeres que lavan a mano la ropa adentro de algunos baldes plásticos; mientras, otras prendas sucias se acumulan junto a los lavarropas semiautomáticos apagados; las plantas y el césped de los pequeños jardines aguardan resecos la lluvia para reverdecer, las duchas se encienden cada dos días cuando hace calor y cada tres o cuatro cuando está fresco, y el agua que se logra juntar cuando la SAT brinda el servicio se distribuye en baldes que descansan a la intemperie a la espera de su uso.
"Eso sí, nos cobran como si tuviéramos todos los días agua", se queja María, mientras muestra la boleta de la SAT, donde resalta que el monto a pagar es de $70 bimestral. Unos metros más abajo de su casa vive María Ponce con su marido y sus cuatro hijas.
"Ellas son muy coquetas. Tengo toneladas de ropa para lavar; desde hace años estamos complicados con el agua. Esperamos que se regularice una vez por todas el suministro en Raco. Mientras tanto, encontramos una solución momentánea", comentó.
Ponce y un veraneante que tiene su casa en la misma lomada de la zona de Valle Hermoso llegaron a un arreglo: ella le prestó parte de su terreno para que él instalara dos tanques con una bomba que sirve de reservorio para ambas familias cuando liberan el paso de agua.
"A esa sólo la utilizo para tomar o para que alguien se bañe si tiene apuro. Porque generalmente armamos el bolso todos los días y nos vamos a bañar a lo de mi mamá, donde no tienen problemas", relató Ponce. La mujer confesó que algunos vecinos se quejaron por su nueva bomba: "me dijeron que ahora les llega menos agua y la verdad es que ya no sabemos qué hacer. Resulta que ahora mi solución es un problema para otros".
En otra situación
Cuando los dueños de la casa de veraneo que está a unos cuantos metros de la suya no están, Eugenia Vargas conecta una pequeña manguera en el terreno vecino y así aprovecha el caño ajeno para lavar, bañarse y darle de beber a los animales. La mujer vive con su tío, dos hijas y un nieto en una casa precaria de adobe. Su situación es diferente a la de la mayoría de sus vecinos: no tiene ni tanque, ni cloacas, ni dinero para reformar su casa y así tener los servicios básicos.
"No sentimos que robamos el agua, porque es algo básico que todos deberíamos tener. Además ellos -por los dueños de la casa de fin de semana- la desperdician regando las plantas. Mirá de verde que tienen el pasto y nosotros no tenemos ni para tomar", compara la mujer e invita al equipo periodístico a recorrer su vivienda de piso de tierra apelmazada y quebradiza por la falta de humedad. Los baldes plásticos, como en todas las casas de los residentes permanentes de la villa de Raco, están repartidos por doquier.
Aún están vacíos, porque el suministro escaso de los últimos días no les alcanzó para llenarlos. José Jeder, comisionado Rural de Raco, explicó que la toma de agua y la planta potabilizadora local fueron construidas cerca de 1980, cuando esa localidad tenía aproximadamente 150 casas. "Hoy hay unas 2.500 casas y el crecimiento es abrumador. Es evidente que falta inversión", comentó el funcionario. También aseguró que están a la espera de que se concrete un proyecto gestionado en 2007 ante la SAT que ya está aprobado para agrandar y extender la red de agua.
"Tenemos en este momento varias desventajas. Una de ellas -destacó el funcionario- es que los dueños de las fincas venden sus terrenos sin tener en cuenta el déficit de agua. Además, los veraneantes desperdician el líquido mientras que acá hay personas a los que no les alcanza ni para beberla".
Lo que dicen en el Caps
Debido a la acumulación de agua en vasijas o tachos plásticos a la intemperie y por la turbiedad con que llega a las casas durante el verano cuando crecen los ríos, ciertas enfermedades se han vuelto comunes en la población de Raco, según especifican en el CAPS.
El médico Horacio Rafael Giménez explicó que en esos recipientes generalmente poco higienizados se acumulan bacterias y hongos que pueden llegar a causar gastroenteritis, diarrea y dermatitis, males muy frecuentes en Raco. "Hasta hemos visto cómo los perros toman de esos recipientes", dijo la agente sanitaria Miriam Gutiérrez.
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