Cada vez más gente corre a la noche en el Parque Sarmiento

Las noches de calor el Parque Sarmiento estalla de gente. Está muy lindo y “existe un auge del running (el correr)”, según dicen los especialistas.
Cualquier persona que se le ocurra “hacerse una escapada” al Parque Sarmiento para tomar fresco en estas noches calurosas lo habrá notado: apenas cae el sol, el paseo se atiborra de vecinos dispuestos a hacer ejercicio en cada resquicio del predio. Esta semana, un cronista de este diario comprobó el fenómeno: se apostó en diversos senderos del paseo y alrededor de las 20.30 contabilizó un tránsito promedio de un corredor cada dos segundos.

Cada zona, lo suyo. El movimiento no discrimina a un sector en particular de las 81 hectáreas que ocupa el parque: y es que mientras en los senderos internos y las cercanías del lago se pueblan de personas mayores que salen a “caminar” de jogging y con botellita en mano, en el perímetro del parque abundan los deportistas jóvenes, que ponen a prueba la resistencia de sus piernas al trote.

“Para andar en roller o bici, lo ideal son las calles internas del parque o la pista, que se llena” aportan Mariana y Laura Restano, dos hermanas que estudian y viven en Nueva Córdoba. “Pagar un gimnasio nos resulta imposible, pero patinar un rato por acá nos mantiene en forma. Venimos casi todos los días”, dicen montadas en sus rollers.

El epicentro. De todo el parque, el epicentro de la actividad es el coniferal. Tanta gente va y viene por ahí, que por momentos sus accesos se asemejan al de la calle San Martín en hora pico. La única diferencia es que en la peatonal la muchedumbre es ruidosa. En el parque, por el contrario, no vuela una mosca. Solo se escucha el jadeo constante de los corredores, que avanzan al trote.

“La gente elige al parque porque está cerca, y ofrece distintos circuitos de acuerdo al esfuerzo que se elija realizar”, opina Carolina Monasterolo, personal trainer de un grupo de maratonistas que se preparan toda la semana en el lugar. “Comencé con este trabajo en el invierno. La demanda es cada vez mayor porque el running está en auge: cada vez hay más maratones y quienes compiten necesitan entrenar”, afirma la rubia entrenadora, mientras sigue los movimientos de una decena de sus entrenados.

Algunos escalones más arriba, un grupo de boxeadores “guantea” con la rueda Eiffel de fondo. “Entrenamos en un gimnasio del centro todo el año, pero cuando está lindo el tiempo venimos al parque”, dice Luis Saba, el entrenador, mientras tres de sus pupilos asienten.

En la zona superior del coniferal, en tanto, sobre la rotonda el paisaje se diversifica y además de los corredores se aprecian deportistas “matándose” a fuerza de lagartijas y cuerpos desparramados por el piso, elongando estoicamente.

Más allá, dos jóvenes que se jactan de correr por el paseo todo el año reconocen mientras descansan que en esta época el parque se vuelve más lindo. “Lo complicado es resistir al olor a choripan”, rematan entre risas.

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Prendan las luces

En líneas generales los usuarios del parque reconocen que el paseo de noche está pipí-cucú para ejercitarse, salvo un detalle: las luminarias de las escaleras del coniferal no funcionan. “Es un peligro para quienes suben o bajan corriendo: si no se fijan bien los escalones, pueden terminar en el piso”, comenta la atleta Carolina Monasterolo.

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