Cada vez son más las familias que deciden dejar las 400 viviendas

Algunos vendieron sus casas, otros simplemente las abandonaron. Los vecinos aseguran que es porque están lejos de todo. Dicen que al barrio no entran ambulancias ni remises. Denuncian ser discriminados

A 6 años de su relocalización, cada vez son más las familias que deciden dejar las 400 viviendas para volver a los lugares que habitaban antes del traslado definido por la Provincia y el Municipio. Algunos vendieron las casas, otros simplemente las abandonaron, pero en todos los casos la sensación que impera es la misma: decepción.

María Novillo es presidenta de la vecinal Ciudad Nueva. Desde que fue relocalizada trabaja para lograr el bienestar de su barrio. Ella dice que “todo el mundo quiere volverse” y cuestiona a los políticos por las múltiples promesas incumplidas.

La vecinalista reconoce que hay varias familias que llegaron a vender sus casas porque el sector de las 400 viviendas queda “lejos de todo”. Además, asegura que la discriminación hacia sus residentes es muy grande, al igual que la falta de contención de parte de las distintas autoridades.

“Los lugares de trabajo se encuentran muy lejos, a veces tenés que tomarte hasta dos colectivos para poder llegar, eso cuesta mucho dinero y la gente tiene cada vez menos posibilidades de hacerlo. Cuando decidieron relocalizar no se preparó nada, ni siquiera los ómnibus pasaban, tampoco había dispensario. Hoy la realidad no es muy distinta”, se lamenta Novillo.

Por estos días, tres son las líneas de la SAT que atraviesan el barrio: la 7, la 10 y la 11. No obstante, para poder abordarlas hay que caminar varias cuadras. Además, el último recorrido pasa a las 21.20, con lo que, después de esa hora, no hay otro medio de transporte para llegar a los distintos puntos de la ciudad.

“Esto es muy grave porque ninguna de las líneas va directo a la Universidad. Muchos chicos abandonan sus estudios por eso. Si bien dan el boleto gratuito, es complicado poder sacar todas las certificaciones para viajar. Muchos se desalientan y dejan de lado cualquier expectativa de superación”, sostiene la mujer.

Y agrega: “Hay muchas mujeres que limpian casas y se les va gran parte del sueldo en pagar los traslados”.

-¿Se sienten abandonados?

-Totalmente. Creo que fuimos olvidados, nos llevaron de un punto a otro y ya no tuvimos contención ni acompañamiento. Me parece que la relocalización no se hizo como tendría que haber sido, no hubo un seguimiento. Nos dejaron acá y que Dios nos ayude, que cada cual se cuide como pueda. Es tierra de nadie, porque nadie se acuerda de nosotros. Las casas son muy lindas, tenemos pavimiento, cloacas, pero de que te sirve tener todo eso si no hay una contención. Nos sentimos desprotegidos.

-¿Han pedido ayuda al Municipio o a la Provincia?

-Estamos pidiendo un pequeño local para hacer funcionar la sede de nuestra vecinal, hasta hora no hemos tenido respuesta.

-¿Está arrepentida de haberse venido a vivir a este barrio?

-Hay muchos que estamos arrepentidos de habernos venido. Somos varios los que soñamos con volver, con ganar el bingo para ver si podemos comprar un terreno y regresar a nuestro lugar. Yo sería una de las primeras en hacerlo si pudiera. Te pasa algo y no tenés cómo zafar. (María Novillo vivía en el barrio Santa Rosa, sobre calle Edison, en proximidades a la costa sur del río Cuarto).

-¿Por qué dice eso?

-Porque ni siquiera las ambulancias quieren entrar, es una amargura muy grande ver que pasa eso. Si tenés un chico enfermo y hay que llevarlo al Hospital, si conseguís, tomás un remís que te cuesta entre 50 y 60 pesos. La gente no tiene ese dinero. Además, muchas veces los remises no toman viajes cuando los llamamos desde el barrio. Este es otro motivo por el que la gente quiere irse, todo te cuesta el doble. Nosotros no pedimos que nos regalen nada, sólo queremos que nos faciliten algunas cosas, como las líneas de colectivo.

Los malos políticos

En las 400 viviendas viven vecinos que antes residían en los barrios Santa Rosa, Santa Teodora, Casasnovas y San Eduardo. Todos conocen la actitud de los políticos en campaña. Van, prometen, se vuelven y, una vez en el poder, no cumplen.

“Ellos bajan, te prometen el oro y el moro y después, cuando llegan a ocupar algún cargo, se olvidan de lo que nos dijeron. Las promesas no se cumplen nunca, todos los políticos hacen lo mismo”, dice Novillo.

-¿Cómo conviven con el mote de ser un barrio peligroso?

-Siempre que pasa algo la Policía viene a las 400 viviendas. Allanan las casas y, en la mayoría de los casos, no somos nosotros. Tenemos una fuerte discriminación encima. El mote de que éste es un barrio peligroso donde están todos los delincuentes es muy importante, y la verdad es que acá hay mucha gente de trabajo que se levanta todos los días a las 6 de la mañana para cumplir con sus obligaciones y ganarse la vida con mucha dignidad.

-¿Qué pasa con el flagelo de la droga?

-La droga es un problema como en todas partes. Tenemos una gran preocupación porque los chicos empiezan a consumir a más temprana edad. Vemos chicos de 9 y 10 años que ya comienzan a drogarse, eso es muy doloroso. Pedimos que haya algún tratamiento gratuito desde el Municipio o la Provincia. Nos piden ayuda a gritos y no sabemos cómo hacer.

-¿Qué es lo que la motiva a seguir trabajando en el barrio?

-Los chicos, hay muchos en este barrio, eso es lo que me motiva para seguir trabajando. Por el futuro, por el progreso de esta generación. Todos los días recojo las inquietudes de los vecinos. Son muchas las barreras que tenemos, yo tengo trabajo pero a veces el dinero no alcanza; sin embargo, trato de pensar que se puede salir adelante.

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