Cachi, un paseo entre las nubes

Cachi, un paseo entre las nubes

Fundada en 1852 por Miguel y Patricio Fleming, elaboraba pastas para reducir el coto y otra para atenuar la sordera.

Un pintoresco pueblo, entre los preferidos por el turismo extranjero.

El 26 de marzo de 1961, cerró para siempre la farmacia Del Águila, la más vieja de Salta en aquel entonces. Estuvo al servicio de la salud de los salteño a lo largo y a lo ancho de 109 años. La botica había abierto sus puertas en 1852, después que arribara a nuestra ciudad, procedente de Buenos Aires, el irlandés Miguel Fleming.

Llegó con su flamante título de boticario bajo el brazo, obtenido en la Universidad de Buenos Aires.

Pero la historia comenzó más precisamente el 12 de septiembre de 1852, cuando se asoció con su tío Patricio Fleming e instaló la primera farmacia que tuvo la ciudad Salta. Estaba ubicada en La Florida 162, es decir, entre las actuales calles Alvarado y Urquiza.

Años después, en esa misma botica, los Fleming atendieron a los heridos causados por los enfrentamientos del 10 de octubre de 1867, cuando la invasión de las montoneras de Felipe Varela.

Más tarde, a fines del siglo XIX, en el mismo lugar fueron atendidos cientos de víctimas de la epidemia del cólera que azotó tanto a Salta como al resto del país.

Un italiano

Años después, sucedió a Miguel y Patricio Fleming en la farmacia, el italiano Francisco Ortelli y a éste, su nieto Roberto Macchi Ortelli, quien en el otoño de 1961, tomo la dura decisión de cerrar para siempre la farmacia que habían fundado los Fleming y servido, por más de un siglo, a los salteños.

Recetas magistrales

En tiempos de los Fleming, las boticas no tenían tantas pastillas como para curar gripes, anemias, golpes, infecciones y otros males. Las vacunas eran rarísimas y los antibióticos directamente no existían. Las amas de casa de entonces hacían caso a una serie de creencias populares y recetas caseras. Además, seguían al pie de la letra los consejos de los escasos médicos que habían por entonces, considerados la voz autorizada para todas las cuestiones relacionadas con la salud. Esta profesional se encargaba de recetar las fórmulas magistrales que debían elaborar los prácticos y confiables boticarios, profesionales estos, que más tarde pasaron a ser los farmacéuticos. En las boticas, se elaboraban los remedios de acuerdo a esas recetas o fórmulas magistrales que solicitaban los doctores, pero también hacían las propias para tratar otros males y cuyas fórmulas guardaban bajo siete llaves. En el caso de la farmacia de los Fleming, hubo varias recetas magistrales que le dieron fama y renombre y que trascendieron hasta nuestros días. Cómo no recordar el Polvo para el Coto, que para obtenerlo -según decía- había que mezclar, según arte, 3 onzas de carbón vegetal molido; 3 onzas de muriato de amonio y 3 onzas de yoduro de potasio.

La mixtura resultante, según comentarios de la época, era de un color similar al actual betún de los zapatos, y debía aplicarse sobre la protuberancia cotal.

De acuerdo a las instrucciones, a los pocos días el coto debía comenzar a retrogradar hasta finalmente desaparecer por completo del cuello del paciente. Si por el contrario, el bocio se transformaba en rebelde, don Miguel Fleming redoblaba la apuesta preparando una pócima más potente aún, capaz de vencer al más vigoroso y pertinaz coto.

Las famosas Pastas y lociones

Se realizaban preparados para diferentes dolores y molestias.

Pero entre las pastas, cremas y lociones que también fabricaba la farmacia, hubo otras muy solicitada y de gran promoción como fueron la Pasta para Muelas, obviamente para mitigar los dolores; Las Aguas Sedativas, suministradas como relajantes para los hiperactivos; Pomada para la Sordera, y la Crema contra la Escabachina, un preparado éste, que evitaba el estrago que causaban en la cara los granos de los adolescentes. Se decía que esta pomada tenía un fuerte olor a muerto pero que era de muy efectiva, pues con el tiempo los granos desaparecían.

Pero la más famosa de todas las recetas magistrales de la botica Del Águila fue la recordada Loción Sara Bernhardt (famosa actriz del teatro francés).

Este líquido era especialmente preparado tanto para damas como para caballeros oscuros de tez. Según fórmula magistral adjunta, la loción se elaboraba con 300 gramos de alcohol; 60 de alcohol alcanforado; 60 de amoníaco líquido; sal de marma al 1% y 300 gramos de agua destilada. Este perfume, según lenguas, era muy buscado por las flácidas damas de nuestra sociedad, pues el boticario Fleming aseguraba que una de las virtudes de su maravilloso líquido era poner tersas y firmes las carnes de las mujeres y de paso, aclarar la tez de los morochos.

Una lástima que esta loción no se siga fabricando.

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