La Cacha: Declararon los mellizos Reggiardo

La Cacha: Declararon los mellizos Reggiardo
Los mellizos Gonzalo y Matías Reggiardo Tolosa, quienes nacieron en cautiverio durante la dictadura y luego recuperaron sus identidades, coincidieron hoy en que llevó muchos años volver a reconciliarse con su historia y se lamentaron porque sus apropiadores no les permitieron conocer como murieron sus padres, desaparecidos desde 1977.

“Costo muchos años volver a reconciliarme con mi historia. La relación con mis apropiadores se fue enfriando porque no teníamos respuestas. Ellos reconocieron que habían delinquido pero no acompañaban los procesos para saber la verdad”, dijo Matías Reggiardo Tolosa.

Los mellizos prestaron declaración testimonial hoy en el juicio que lleva adelante el Tribunal Oral federal 1 de la Plata por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención conocido como la Cacha.

Matías relató que el extenso proceso judicial que llevó desde 1898 hasta 1993 cuando recuperaron su identidad provocó que “la restitución a la familia biológica fue traumática”.

“Queríamos conocer nuestra identidad pero nos resistíamos a perder contacto con nuestros apropiadores”, graficó y reconoció en la audiencia al militar Ricardo Armando Fernández, uno de los imputados, quien es padrino de bautismo de Gonzalo.

Gonzalo y Matías son hijos de María Rosa Tolosa y Enrique Reggiardo, militantes de la organización Montoneros, que permanecen desaparecidos desde 1977.

El 8 de febrero de ese año, María Rosa, embarazada de seis meses y medio, fue secuestrada en la localidad bonaerense de Florencio Varela, y, un día después, las fuerzas represivas capturaron a Enrique en Lanús.

La pareja fue vista en la Cacha y es muy posible que también hayan estado cautivos en el Pozo de Arana, otro centro clandestino situado en las cercanía de la ciudad de La Plata.

El 16 de mayo de 1977, María Rosa fue trasladada a la cárcel de Olmos, donde dio a luz dos varones, según el testimonio que brindaron ante la Justicia familiares de otra detenida.

Los mellizos fueron anotados en el registro civil como hijos legítimos del subcomisario Samuel Miara y Beatriz Castillo pero en 1986, y mediante la intervención de Abuelas de Plaza de Mayo, la Justicia ordenó que a los chicos se les practicaran análisis de ADN para determinar sus identidades.

Por ese entonces, Miara y su mujer se fugaron con los mellizos al Paraguay y recién en 1989 se pudieron realizar los análisis que determinaron que los niños eran hijos de María Rosa y Enrique.

Matías que al igual que Gonzalo siempre se refirieron a Miara como “apropiador” relató que durante su estadía en Paraguay “se juntaban con familias que también tenían chicos apropiados".

Los mellizos coincidieron en que Miara “nos decía que un jefe de la Policía Federal se los había entregado pero que ese policía había muerto y entonces no se podía preguntarle sobre la procedencia de nosotros”.

Gonzalo precisó que en el 2012, durante la instrucción de la causa, le preguntaron quien era su padrino debido a que era común en la dictadura que el entregador de bebes tomara ese rol y cuando identificó a Fernández “es como que nos terminó de cerrar la historia”.

Tanto él como su hermano declararon además que escucharon conversaciones entre Miara y Fernández en las que el apropiador decía “este tipo (por Fernández) es un cagón y ahora nos deja solo”, aunque aclararon que ellos no sabían a qué se refería.

En la audiencia, los mellizos reconocieron además fotos de su bautismo en la que aparece Fernández junto a sus aropiadores.

En la audiencia de hoy también prestó declaración Eduardo José Tolosa, tío de los mellizos y con quien vivieron en 1993 cuando la justicia ordenó que los restituyeran a su familia biológica.

Además hizo lo propio La madre de Plaza de Mayo, Adelina de Alaye, quien resaltó que “yo no luchaba por mi hijo Carlos desaparecido, era una situación que nos abarcaba a todos como argentinos”, al prestar declaración en la audiencia del juicio que se sigue por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención conocido como la Cacha.

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