SAN LORENZO 1 - CENTRAL 0: San Lorenzo gana y tiene a su Romeo, con quien vive su historia de amor en la punta. El romance y los sueños crecen, aunque al momento alcanza para ir paso a paso: Central mereció empatar.
No sobra la poesía tampoco, porque en definitiva al equipo no le sobra esa sensibilidad, aunque le alcanza para llegar a fin de mes. Se respalda, como ayer, en la figura de su arquero y en el oportunismo de su 9 que no mete el 100% de las que tiene, aunque es el principal responsable de gestionar el 90%. Y, se sabe, siempre es mejor un delantero que puede desaprovechar las que tiene, que uno que no logra aprovechar nada simplemente porque no genera ninguna. Romeo se mueve, gira y prepara un hueco para que algún compañero se la tire justo ahí, para poner a prueba su olfato de gol, su perseverancia de goleador.
Hilando fino el partido, hay que decir que el gol de Bernie fue un hombro en offside, y ya no tan fino que Central tuvo dos jugadas de penal a favor no cobradas por Lunati (San Lorenzo también tuvo una); y que más allá de la participación del árbitro y sus decisiones, los rosarinos se le fueron al humo con pomposa sencillez y bien podrían haber empatado sin que eso dejara pasmado a nadie. Incluso si Migliore no hubiese estado mucho más atento que sus compañeros, Central podría haberse puesto en ventaja a los dos minutos de juego, y tal vez otra hubiese sido la historia. Pero el arquero está para atajar y en eso anduvo el del Ciclón, sobrio, impecable e impenetrable.
San Lorenzo disfruta del momento, pueden tocarle el hombro que, sin registrarlo, seguirá mirando al horizonte. Cabecita de novio, dirían las abuelas, sabias en esos menesteres, descriptivos aunque no tan vinculados al fútbol. El idilio existe y es real, pero tiene un sustento todavía limitado que necesita de un paso seguro tras otro. Todavía no está como para creer en el amor eterno.
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