A un año de su regreso a Córdoba tras recibir un trasplante de médula ósea, Agustín y Joaquín llevan una vida casi normal, aunque con complicaciones.
En un año retomaron la rutina en su casa de barrio Smata II, al sur de la ciudad de Córdoba, mientras imaginan un futuro esperanzador para sus cuatro hijos (los tres varones y Sofìa). “Estamos muy agradecidos por tanta solidaridad”, aseguran.
El caso Bustos Fierro fue noticia casi permanente desde fines de 2010, cuando se conoció que Agustín padecía de una enfermedad neurodegenerativa poco frecuente, llamada adenoleucodistrofia (ALD). Luego se supo que también Joaquín estaba afectado y que necesitarían un trasplante de médula ósea, lo que generó polémicas sobre la necesidad de realizarlo dentro o fuera del país.
Más tarde llegó la campaña “Un milagro para Agustín”, que permitió recaudar un millón de dólares para que los chicos pudieran ser tratados en el hospital Amplatz Children.
Hoy los chicos están estables gracias a la medicación preventiva permanente. La enfermedad está detenida, aunque se tratan las consecuencias que aparecieron después del trasplante. Las 22 pastillas que los chicos ingieren por día los mantiene inmunodeprimidos. Al no poder ser vacunados, Agustín y Joaquín no concurren a la escuela sino que toman clases con una maestra domiciliaria del Ministerio de Educación.
Comentá la nota