Por: Ricardo Roa.El Gobierno avanza sobre los medios con el poder que aún le queda y sin ningún cuidado por las formas. Saca de apuro una ley engañosa, que simula ser progresista y en realidad sólo atrasa: promoverá una prensa más débil y dócil frente al poder político.
Que es una trampa lo prueban por lo menos dos votos a favor del kirchnerismo en la sesión de ayer (ver El Senado aprobó la ley de medios del kirchnerismo). El de un senador bussista y el de Ramón Saadi. Los dos vieron lo mismo por razones diferentes. Uno, que la prensa fue culpable de las revelaciones sobre los crímenes de un genocida. Y el otro, que el caso María Soledad fue una construcción mediática y no un asesinato del poder político. Todo entra bajo el paraguas K.
Y todo vale igual, como en una tienda de saldos y oportunidades. Usar la caja para torcer votos, como el de la senadora correntina. O argumentar que no se aceptaban cambios al proyecto porque así la oposición iba a pedir más. Si no se incorpora la opinión del otro en lugar de debate hay discursos sellados. Otra vez el efecto K: la devaluación del Parlamento y de la política.
¿Creerá el Gobierno que apagando las voces críticas y amplificando las adictas mejorarán sus chances para el 2011? Seguro que sí. Eso es sobreestimar el papel de los medios y subestimar la inteligencia de la gente. Así le fue en junio.

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