"Lo bueno, los paisajes; lo malo, el tránsito; y lo feo, la basura"

Los turistas evalúan lo que les gusta y lo que no de Tucumán. Unos 500 visitantes recorren cada día la Casa Histórica esta semana

¡Por fin en la Casa Histórica! Graciela López, de Alta Gracia (Córdoba), inspira profundo como si quisiera absorber toda la energía que aún flota desde 1816. "No es fácil llegar. Estuvimos una hora dando vueltas alrededor de la plaza Independencia sin tener dónde estacionar. El tránsito, terrible... Pero valió a pena. Los paisajes de Tafí del Valle y San Javier, y las empanadas, son increíbles" , resumió la cordobesa.

Por momentos había que hacer cola frente a las vitrinas para ver algo. Muchos aprovecharon para ir ayer al museo porque hoy estará cerrado (debido a los preparativos de las celebraciones del 9 de julio). "Estamos con muchos turistas desde el sábado, cerca de 500 por día. Pero después del 9 el flujo llega a 1.500 y hasta 2.000 visitantes por día. Es imposible realizar visitas guiadas", comentó Marta, empleada de la Asociación Amigos de la Casa Histórica.

Horarios de visita

El museo también permanecerá cerrado mañana por la mañana, hasta que se marche la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, quien todos los años visita Tucumán (por decreto presidencial). Desde el domingo y hasta el 31 de este mes la casa estará abierta de 9 a 18.45. La entrada cuesta $ 8 y $3 para jubilados; es gratis para niños y discapacitados (acompañantes, $ 2). Para ver la obra de teatro "La Independencia" los turistas deben pagar $ 30 por persona y $ 25 si son jubilados.

"¡Mira, es igualita! Catrina, de cinco años, observa en vivo y en directo, la misma casita que la seño del jardín de infantes le hizo recortar como figurita para pegar en la carpeta. "Contale a la señora que vos querías venir a conocer la Casita de Tucumán", la alienta su madre, Ivone Farías, con tonada santiagueña. Pero provoca el efecto contrario en la niña. La pequeña baja la cabeza y se concentra en sus manitos con uñas pintadas; no vuelve a hablar.

A lo lejos se escuchan las carcajadas de jóvenes. Son Luis Mamaní, de Jujuy; María Vázquez, Romina Manestar, Alejandra Orieta, María Laura Fernández y Fernando Morales, de Santiago del Estero y de Catamarca. Todos son trabajadores sociales y realizan un posgrado de la Universidad Nacional de Lanús en la Casa del Estudiante de Tucumán. "Venimos una semana por mes para tomar las clases presenciales y el resto lo hacemos por Internet", explica Luis. Los chicos gastan un mínimo $ 700 por persona, y a la vez que estudian pasean por la ciudad.

"Lo lindo: la vida cultural de Tucumán. Lo malo: el tránsito. Lo feo: los ruidos. Los santiagueños vivimos a un ritmo más tranquilo", evalúan.

Junto a las torzadas de la fachada, la tucumana -y cordobesa por adopción- Cecilia Carabajal les saca fotos a su esposo y a su hijo, César. "Vamos a estar dos semanas en casa de mis padres. Hace siete años que no venía a Tucumán, y ahora la veo mucho mejor: hay más señalización en las rutas, todo está más organizado, aunque la limpieza deja mucho que desear", observa.

En la plaza Independencia ningún turista se detiene. Pasan de largo frente a la carpa de los jubilados que piden el 82% móvil o la de los médicos autoconvocados. En un banco de la plaza, Patricia Almaraz espera encadenada a un árbol. Tiene el vientre hinchado pero no está embarazada. Un cartón escrito con lapicera explica la situación: "soy docente con 17 años de aportes. Enferma terminal, al hígado. Estando con licencia médica fui removida de mi cargo y ni siquiera me pagan jubilación". Esto también ven los turistas.

Comentá la nota