El “Griego” volvió a ser un cheque sin fondos en su juego colectivo y decepcionó por momentos en el ítem de entrega y atención. Y Quilmes lo aprovechó. El equipo marplatense llegó limitado a Córdoba entre lesionados y enfermos. Y, encima, se había comido una paliza el viernes en Santiago. Pero en el Cerutti sacó provecho de los déficits del anfitrión y exhibió lo mejor de su repertorio: cumplir el papal que a cada uno le corresponde. Y así se llevó el triunfo 92-89.
La visita metió agresividad en su defensa, Sahdi tomó las riendas del ritmo de juego y Marín anotó seguido. Mientras, el “Griego” se desdibujó. Se olvidó de jugar en equipo. Es más, dejó de saber a qué jugar. Apostó sus fichas al tiro externo y la eficacia se tomó receso. Del otro lado, el Cervecero creció en confianza y se fue al descanso largo 47-38. Mientras, el dueño de casa forzó pocas situaciones (le cometieron pocas faltas) y tiró mucho de lejos y no tanto de cerca. Por ejemplo, Lewis no recibió juego en el poste bajo.
En el complemento, Atenas vino desde atrás. Tuvo la chance de ganarlo, pero le faltó tiza en el taco con los libres en el final. La verdad, el cierre lo hostigó demasiado a Quilmes, que fue más durante el juego.
De esta manera, el Verde perdió tras nueve partidos ganados en casa. Espera por el segundo extranjero, por la recuperación del lesionado Lescano y con la mira puesta en el Súper 8. Pero, sobre todo, por terminar de encontrar una identidad de juego que sea real y no virtual.
La figura: SAHDI (QUILMES). Hizo de todo y terminó con 16 puntos. En Atenas, el goleo de Guaita (21).
La clave: Equipo. El nivel colectivo de Quilmes fue vital. Demostró saber a qué juega. Atenas sigue en deuda, en ese sentido.
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