Un herrero, un carpintero y una familia de zapateros reconocieron que tienen mucho trabajo. Los clientes buscan restaurar sus muebles o sus zapatos. Por seguridad crece la venta de rejas.
El crecimiento económico del país, en los últimos siete años benefició también a los que se ganan la vida con los milenarios oficios.
El carpintero Diego Ottaso, el herrero Javier Schanli y los hermanos Viggiano con el taller de arreglos de zapatos y la marroquinería, son los mejores ejemplos.
Ottaso heredó el conocimiento de su padre. Schanli aprendió a ganarse la vida junto al mejor amigo de su papá y los Viggiano continúan con la tradición que comenzó su abuelo italiano.
Todos coinciden en que “el trabajo sobra”, tanto, que tienen que dar turnos con uno o dos meses de anticipación.
También tienen en común que ninguno de ellos se publicita. Los clientes llegan por el boca a boca. “Estoy en algún lugar trabajando y siempre se me acerca alguien para ofrecerme más trabajo”, asegura Ottaso, el carpintero.
Su especialidad se basa en la restauración de muebles usados. Eso es lo que mejor le sale y en lo que más trabaja. Como los muebles “tienen un valor afectivo” y él los deja como nuevos, entonces el cliente paga y bien.
Otasso con 28 años continuó la historia de su padre, que a los 72 ya está retirado de la actividad formal.
Una de las particularidades que siempre le llamó la atención es que a su padre nunca se le acercó nadie para aprender el oficio. “Es raro, como somos pocos tenemos mucho trabajo. No te vas a volver rico, pero se puede vivir bien”, cuenta el joven que también se hace tiempo para estudiar fotografía.
Turnos
Javier Schanli tiene su taller de herrero en la intersección de San Luis y Moreno. Con sus 34 años trabaja solo y está satisfecho con la cartera de clientes que consiguió armar. Ahora está completo de trabajo, lo que queda de abril y ya está entregando turnos para mayo. Lo mismo le sucedió en noviembre de 2010, cuando completó diciembre y enero.
Carlos Carrere, el amigo de Benito, su padre, fue el que le enseñó el oficio que comenzó por necesidad y ahora le sirve para “vivir bien”.
“Tengo mucho trabajo, pero también es porque saben que soy muy responsable. Los clientes quieren los trabajos ya. Lamentablemente, muchas veces me llaman por la inseguridad que se vive. Si una persona sufrió un robo en su casa lo primero que quiere es poner las rejas y cuanto antes”, reveló Schanli.
En contrapartida de lo que ocurre con los carpinteros, existe una buena cantidad de herreros. Lo interesante es que se pasan trabajos para seguir cumpliendo.
Su especialidad son los frentes de obras y como la construcción en la capital provincial sigue creciendo, el teléfono no para de sonar.
Los clientes también ayudan porque, si son propietarios, “quieren hacer lindas rejas para embellecer el frente del hogar. Si son inquilinos se complica un poco más porque piensan en gastar lo menos posible”, explicó.
La familia
Los Viggiano son reconocidos por su tradición de zapateros. La familia que lidera Roberto está instalada en su nuevo local de España, y por lo que se ve también están atiborrados de trabajos por hacer.
Ayer después del mediodía, estaban Jesús, Nazareno y Gustavo, cada uno con un trabajo en sus manos.
Ellos están contentos por el momento que están viviendo. “Estamos tapados de trabajo, por suerte”, reflexiona Gustavo. El que está muy preocupado es Nazareno, ya que después del trabajo en la zapatería tiene que ir a rendir un parcial de Enfermería, la carrera que decidió estudiar.
En cuanto a los vaivenes de la economía, Gustavo, el segundo de los 11 hermanos, asegura que el padre pudo mantener a su familia y ahora él mantiene la suya. Dos de sus hermanos estudian en la universidad y los demás pueden tener un sueldo gracias a los múltiples trabajos que se les presentan.
También arreglan valijas y solucionan errores de fábricas que tienen algunos juguetes de niños. Los Viggiano pudieron diversificar el trabajo y así poder tener mejores ingresos.
Formas de ahorrar
La madera. A un mueble que cuesta 600 pesos, Otasso lo puede restaurar y dejar como nuevo por 150 pesos. Si está desvencijado, se arregla la estructura y después se pinta. “Siempre se va a construir con madera, por eso siempre voy a tener trabajo”, se ilusiona Diego Otasso. Eso sí, como los muebles vienen cada vez de menor calidad, muchas veces no sirve arreglarlos y directamente hay que descartarlos.
El hierro. Diego Ottaso se especializa en la herrería de obra. Realiza frentes y cerramientos, portones, rejas y puertas. La reja para una ventana de 1 x 1,20 metros cuesta 240 pesos. Los herreros se pasan trabajo para cumplir con la alta demanda.
El cuero. Un par de botas que en el centro de Paraná cuesta 600 pesos los Viggiano las dejan como nuevas por menos de 120 pesos. Los materiales que utilizan son fabricados en el país, salvo algunos insumos que compran importados de Brasil. La crisis nacional en 2001 y los bonos federales que se emitieron en la provincia, a ellos los beneficiaron.
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