Méric, de 18 años, y los skinheads se encontraron adentro de un local donde se vendía ropa de las marcas Ben Sherman y Fred Perry, que son paradójicamente utilizadas por los grupos fascistas y también los antifascistas.
Fuentes policiales y muchos testigos contaron que Clément Méric fue agredido con un golpe efectuado con un puño americano. El muchacho cayó al suelo y se golpeó la cabeza contra una barra de hierro. “El odio ha matado”, dijo el ministro francés de Interior, Manuel Vals. Los alumnos del Instituto de Ciencias Políticas de París organizaron una ceremonia en homenaje a Méric. La multitud entonó canciones de la Resistencia francesa. “La República está de duelo”, decía un cartel desplegado en la segunda manifestación organizada en Saint Michel, en el barrio latino de París. El asesinato del joven estudiante dio lugar a numerosas marchas contra el fascismo y a una condena masiva por parte de la clase política. Jean-Marc Ayrault, el primer ministro, pidió que se “disolvieran” y se “redujeran a pedazos y de manera democrática esos grupos violentos”. A su vez, sin precisar si se llegaría a la disolución, Manuel Valls expresó su “determinación para erradicar esta violencia que lleva la marca de la extrema derecha”.
Más allá de las reacciones políticas de uno y otro campo, lo que quedó instalado en el escenario político es el resurgimiento de esas corrientes extremistas que ganaron espacios de credibilidad política y mediática con las manifestaciones contra el matrimonio homosexual. Muchas voces políticas y analistas ligan este drama con el deterioro del debate que se produjo con la aprobación de esa ley. Los anti “matrimonio para todos” (es el nombre de la ley) empezaron sus protestas pacíficamente, pero, con el correr de los meses, la situación se envenenó: palizas brutales contra homosexuales, destrucción de bares y asociaciones frecuentadas por ellos y, por último, violentos altercados con la policía al final de las protestas fueron sembrando un clima de confrontación. La diputada socialista Anne-Yvonne Le Dain consideró que los líderes del frente contra el matrimonio homosexual “liberaron esas pulsiones violentas que condujeron directamente a esta agresión”.
De pronto, lo que era indecible se tornó trivial y expuesto con carteles y cantos callejeros, o sea, la xenofobia y la homofobia. Bajo el manto de la oposición a la ley se fue validando en los medios un discurso delirante que hizo de la identidad su castillo inexpugnable y de los homosexuales y los extranjeros, en especial los árabes, las partículas tóxicas que era preciso erradicar. Violentos, extremistas o teóricos blandos hicieron causa común y así salieron de la sombra y la minoría al centro del escenario con argumentos como el de la “recolonización de Francia” por los africanos y los árabes, o el del “reemplazo”, una corriente de la derecha obsesionada con la idea de la que la población francesa está siendo “reemplazada” por la extranjera. La ensayista Caroline Fourest explicó en el canal BFMTV que durante las manifestaciones contra el matrimonio homosexual esos grupos neonazis “se sintieron alentados y mediatizados. Ahora que la movilización colectiva cayó, se encuentran al más alto nivel de radicalidad”. La identidad de esos grupúsculos no es un secreto para nadie: tienen una orientación neonazi perfectamente escenificada en la ropa y los tatuajes que usan (cruces gamadas, por ejemplo). Las Juventudes Nacionalistas Revolucionarias que estarían detrás de la muerte de Clément Méric fueron fundadas en 1987 por Serge Ayoub, alias Batskin. Es un hombre de cabeza rapada, corpulento, cuyo discurso es una mezcla de anticapitalismo y defensa a ultranza de la identidad francesa. El líder del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, exigió “la disolución de los grupos de extrema derecha que multiplicaron los actos de violencia en París y en todo el país en las últimas semanas”. La cuna de la democracia moderna vivió una tragedia muy honda, no sólo por la muerte de un individuo, sino por lo que este drama lleva implícito: el combate por las ideas se tornó un combate de vida o muerte.
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