Busca argumentos: Pablo es el único candidato en La Plata instalado, y el mejor posicionado. La ofensiva kirchnerista se plasmó a medias. Los apoyos inexistentes. Y el eslogan como medio de vida
En los pasillos del Palacio comunal hay consenso dentro del oficialismo respecto de que al intendente Bruera no le soltarán del todo la mano, y que no habrá "castigo" para él, por su exacerbado operativo despegue K.
Hay una realidad contrastable: lo que predica Bruera de puertas afuera de la ciudad capital, como en los actos de Caballito y Morón, no es lo que practica en su pago. No existe en La Plata apertura, ni al diálogo, ni a la información, ni un plan estratégico (de ningún tipo) para el desarrollo. Las pruebas saltan a la vista.
Ahora, bien, ¿a Bruera le alcanzará con su política del marketing para seguir su campaña de posicionamiento y, finalmente, lograr la reelección en La Plata? Esa es la pregunta del millón.
Por ahora, es el único intendente que en público dice lo que otros callan. Y también es el único que perdió la memoria: los Kirchner le dieron el empujón decisivo, determinante, pa-ra llegar al sillón comunal. Fue la colectora K, en 2007, la que le permitió ganar al dividir a su contrincantes (Alak y Castagneto).
Hasta ahora la promocionada ofensiva kirchnerista contra Bruera no se ha cristalizado ciento por ciento. Se cortaron envíos de fondos de Nación y dos concejales (Lotomulo, de Víctor Santa María, y Forte, de Moyano) salieron del bloque oficialista. Pero el Movi-miento Evita aún no rompió, y el diálogo con el sciolismo tampoco se cortó. Gabriel, diputado y hermano del intendente Pablo, sigue te-jiendo en las sombras junto a Raúl Pérez, jefe del bloque oficialista en la Cámara baja, un armado paralelo al kirchnerismo. Este es, también, un secreto a voces.
Ni Massa, ni Montoya se han sumado a esta cruzada de Bruera. Apenas Alberto Fernández. Hoy Alberto Fernández es "apenas". Ya no es ese hombre que caminaba sin vértigo por la cúspide del poder. Su equipo se ha reducido casi a una mínima expresión.
Más allá de que algunos intendentes, sobre todo de la Primera, coinciden miradas con Bruera, hay un punto insoslayable: casi nadie confía en el platense. Tampoco está instalado más allá de La Plata. ¿Entonces? Su proyecto no es otro que intentar mostrarse como bona-erense, para cotizar con algún referente na-cional en la capital provincial.
Hay un sector del bruerismo, como parte de la UCR, que cree que no habrá internas abiertas y simultáneas. Esto le conviene al jefe comunal. También a Kirchner: someterse a un mano a mano con padrón abierto ante De Narváez, por ejemplo, puede ser terminal para sus as-piraciones. K ya perdió con el Colorado.
Las elucubraciones están a la orden del día: adelanto de elecciones, suspensión de las in-ternas, y una por demás osada, "Kirchner no tendrá otra que apoyar a Bruera". Esto es al menos lo que piensa una parte del oficialismo platense. Es decir, nada es como parece al sol del poder.


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