Una fuente de agua proyectada para la calle 7 y 32 adelantándose al futuro; maquinarias para la limpieza y mantenimiento de arroyos abandonadas en depósitos municipales sin presupuesto para su reparación;
Ni sus más que frecuentes viajes oficiales al exterior en políticas de hermanamientos o convenios con ciudades casi exclusivamente europeas o de los Estados Unidos han dado aún algún resultado para esta emergencia ni para nada, y también falló en las medidas anti inundaciones mediante la pintura de cordones de amarillo con lo cual podemos concluir que “este chico tiene mala suerte”.
Más de cincuenta muertos, más de 150 mil afectados en diversos grados. Una ciudad que según su discurso de inicio de las sesiones del Concejo Deliberante se inundó por la responsabilidad casi fatalista de su fundador, el doctor Dardo Rocha, por haberla construido en “tierras bajas”. Es la consecuencia de algo a lo que no se puede escapar: en algún momento la realidad te alcanza.
¿Pero es solo la política de la familia Bruera y sus aliados los únicos protagonistas de este episodio?. Seguramente no.
La mayoría de nosotros vimos lo que ocurría todos los días en cuanto a la administración bruerista y no supimos o no quisimos reaccionar, ni cuestionar, ni denunciar, ni presionar a los medios periodísticos locales que hasta se terminaron convirtiendo en socios -quizás involuntarios- en tapar tanta ineficiencia y tan poca inteligencia.
Ya entonces no habrá excusas para la próxima, estamos brutalmente avisados.
Se puede hacer algo, sí claro: colaborar con la Justicia en todas las causas que se le inicien al intendente aportando pruebas y testimonios, pero fundamentalmente haciéndole sentir a los funcionarios y al propio intendente, allí donde se los encuentre, el pacífico repudio social.
No le hagamos fácil la vida a aquellos que hacen que nuestras vidas sean cada día más difíciles.

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