Botellas y algo más de basura que la habitual son las huellas del día después en la ciudad

Los festejos navideños, iniciados en la noche del 24, dejaron ayer en la ciudad huellas menos intensas que las de años anteriores. Si bien las botellas vacías volvieron a aparecer en todas partes -con el consecuente desparramo de vidrios rotos en veredas y calles- y la basura ganó más presencia que la habitual, no se dieron las situaciones de descontrol que algunos podían temer, más allá de algunos hechos aislados (ver información en la sección Policiales)
En el Gran Resistencia el movimiento de gente fue intenso, como era de esperar, pero no tanto como el que algunos proyectaban. Remiseros y taxistas, por ejemplo, ya desde el fin de semana venían notando que la demanda de pasajeros “flotantes” (es decir, aquellos que buscan un vehículo en la calle, no llamando a las bases de las distintas agencias) era mayor que la de semanas previas, pero no tan alta como la que calculaban.

Aunque tanto el lunes como el domingo los comercios abrieron en su casi totalidad, la circulación de personas en la zona comercial fue menor que la del viernes y el sábado. Por lo visto, esta vez fueron más numerosas las familias que optaron por evitar las compras de último momento.

Rezagados sorprendidos

El 24, incluso, era raro encontrar comercios abiertos más allá de las seis de la tarde. Una muy buena noticia para los trabajadores de esos negocios, que pudieron regresar a sus hogares a una hora razonable para la fecha, pero una pésima novedad para los infaltables rezagados que recién a horas de la Navidad salieron a buscar regalos para cumplir con sus seres queridos.

Para ellos, las opciones se acotaron a los hipermercados -que mantuvieron sus horarios habituales- y las farmacias, donde el truco de regalar cosméticos y perfumes, como recurso de último momento, volvió a ser la carta salvadora para más de uno.

En el caso de quienes tenían que hacer de papás noeles y comprar juguetes, la alternativa ideal resultaron las ferias como las de Las Heras y Juan B. Justo; Vedia y 25 de Mayo; Santa María de Oro y Santiago del Estero; Lavalle y Mitre, donde había una oferta abundante en la materia, así como también en productos textiles.

Mucho calor, muchas bebidas

Las agobiantes marcas térmicas de la jornada (con momentos de más de 40 grados de térmica) hacían prever que en la cena de Nochebuena la ingesta de bebidas sería generosa, y decenas de miles de familias fueron testigos de ello. De ahí la gran cantidad de accidentes y lesiones por accidentes de tránsito (ver Policiales).

Luego de los brindis de la medianoche, las calles volvieron a llenarse. El tránsito, por fortuna, tuvo picos de complicación pero sin llegar a mayores, algo que fue ayudado por el buen tino que tuvieron las autoridades al mantener activos algunos semáforos de cruces peligrosos que habitualmente se desconectan durante las madrugadas.

Lo demás fueron las postales habituales: algunos imprudentes al volante, la infaltable pirotecnia (menos agresiva que en otros años), las motos aún convencidas de que los semáforos no las incluyen y gente bebiendo en distintas situaciones: sentados en las veredas, manejando o bailando.

El amanecer fue apagando todo ese furor. Allí apareció otro clásico post-Nochebuena: la legión de quienes, rendidos al cansancio y el acohol, quedan dormidos en cualquier parte, sin poder completar el regreso al hogar.

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