Ahora el Boliche llora la muerte de su dueño, Juan Balderrama, que en el vuelo literario de la bohemia estará compartiendo el vino de la eternidad junto a Juan Carlos Dávalos.
El lugar de la mano de los Balderrama mantuvo despierto el espíritu de la pulpería criolla, donde la comida tradicional y la música ancestral compusieron el menú más exquisito, un atractivo cuya fama traspasó las fronteras locales y alcanzó renombre internacional hasta convertirse en una suerte de tarjeta de presentación de la identidad salteña.
Por aquellas baldosas transitó la bohemia más esclarecida de Salta que contribuyeron con sus versos garrapateados en manchados retazos de papel estraza a darle el título de “Templo del folklore argentino” a casa de los Balderrama.
Decir Balderrama es evocar las estampas de una Salta de calles empedradas como era esa Avenida San Martín, una de las últimas en pavimentarse, de crujir de ruedas de mateo y repiqueteo de cascos de caballos llevando a los amanecidos que habían pagado su tributo a la más exquisita de las artes, la poesía.
Lejos, como los años de la vida de Juan Balderrama, quedaron aquellos días en el sitio era uno de los tantos bodegones, con piso de ladrillo y techo de chapas de zinc, donde el vino acicateaba las bordonas que se estremecían frenéticas hasta que el sol marcaba el final de esa tenida. Adobes entre los cuales se dieron a luz tantas zambas, amoríos y quebrantos.
Ahora el Boliche llora la muerte de su dueño, Juan Balderrama, que en el vuelo literario de la bohemia estará compartiendo el vino de la eternidad junto a Juan Carlos Dávalos, Eduardo Falú o el mismo César Perdiguero, que en el recuerdo de las noches vividas en ese lugar dirá su clásico: ¿Churo, no?; desatando el alma para encordar nuevamente los versos más inspirados junto al “Barba” Manuel J. Castilla, autor de la letra de la zamba que le dio fama mundial, mientras se escucha el piano de quien le puso la música: el “Cuchi” Gustavo Leguizamón.
Mientras tanto, aquí en la tierra, en esa mítica esquina de San Martín y Esteco, una tenue luz deja escapar el suspiro que delata que el Boliche Balderrama “llora por la madrugada”.-
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