Tres ciclistas de La Plata atravesaron la Autovía 2 en cuatro días de viaje. La iniciativa de uno de ellos, discapacitado motor, tuvo como objetivo reunir fondos para comprar bicicletas preparadas para no videntes.
El trío recorrió, a través de la Autovía 2 y de los accesos a distintos municipios, 467 kilómetros, que le demandaron, interrumpidas por las paradas técnicas, 28 horas y 52 minutos.
El impulsor de esta proeza solidaria es Gustavo, un platense, discapacitado motor, con largos años ya en la práctica de superar desafíos personales. El joven se propuso, una vez que consiguió salir de la invalidez -luego de una enfermedad infantil- y que se convirtió en ciclista profesional, ayudar al desarrollo deportivo a otras personas con impedimentos físicos.
Lanzó así la idea de pedalear a Mar del Plata y de ese modo reunir fondos para la compra de bicicletas tándem, las únicas que pueden usar los no videntes. “Quedamos muy cansados, pero pudimos hacerlo y ahora vamos a poder comprar aunque sea una bicicleta doble usada, porque aunque sale algo de $5.000 pesos ya tenemos $4.000, y el resto seguramente ya va a aparecer”, contó, muy feliz a su regreso, Gustavo Araujo.
CUATRO DIAS DE VIAJE…
El grupo tardó cuatro días en arribar a Mar del Plata. Salió de plaza Moreno el 27 de febrero cerca del mediodía y a las 12.30 ya estaba en la ruta 2. Ese día era tan ventoso que durante el primer tramo no pudieron superar una velocidad de 15 kilómetros por hora y aunque los ciclistas aspiraban a llegar en esa jornada a Lezama se tuvieron que conformar con hacer noche en Chascomús.
Ya en la primera parada, en Atalaya, la gente que los cruzó cargó la alforja de las donaciones con una buena cantidad de dinero. Luego siguieron, en las horas y días sucesivos, Castelli, Dolores, General Guido, Maipú, General Pirán y Coronel Vidal, lugares todos donde recibieron la bienvenida de diversas instituciones y de los vecinos en general.
El viaje estuvo marcado por percances, desalientos y emociones. No faltaron desgarros musculares, pinchaduras de cubiertas y mojaduras por la lluvia, pero sobraron gestos de apoyo, aplausos y sirenas y sabrosos desayunos y cenas en cuarteles de bomberos y clubes. “Fue una experiencia increíble, realmente conmovedora por la actitud de la gente.
Tanto, que cuando llegamos a Mar del Plata y vimos el mar a los tres se nos cayeron las lágrimas”, contó Gustavo. El joven es remisero, está casado y tiene una hija de seis años. Después de muchos años de manejarse en silla de ruedas una operación le posibilitó volver a caminar y, aunque con dificultades, se le animó también a la bicicleta, al punto que ha conocido más de un podio ganado en competencias.
Relacionado con grupos de distintas actividades deportivas supo de la necesidad de algunos chicos ciegos, como Carlos Juárez (19), que practica running pero aspira también a desarrollarse en el ciclismo.
“La gente que no ve necesita andar en bicis dobles que conducen guías; ellos van atrás. Pero son caras y Carlitos y otros chicos en esa situación no pueden comprarlas”, explicó Araujo. Ahora, dice que necesita “como diez días” para descansar del pedaleo. No obstante el desgaste que sufrió (“bajé ocho kilos”), ya piensa en el próximo desafío.
“Tengo muchas ganas de encarar la cordillera de los Andes en 2015. Ya sé que es muy complicado, pero tengo tiempo para planearlo bien”, adelantó.
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