Biblioteca Rivadavia, “una suerte de milagro”

Biblioteca Rivadavia, “una suerte de milagro”

Así lo considera Esther Serruya, secretaria del Consejo Directivo de la tradicional entidad bahiense.

“La Biblioteca Rivadavia es una suerte de milagro en esta ciudad. Siento que hay un ángel que revolotea y nos ayuda a salir adelante”, dijo Esther Serruya, secretaria del Concejo Directivo. El ángel fue la solidaridad de los bahienses.

En primer lugar, por la donación de obras de artistas locales y coleccionistas que permitió la realización de una subasta de arte, y en segundo lugar, por la buena respuesta que tuvo el evento: se recaudaron 110.000 pesos.

El arte fue el recurso al que apeló la Asociación Bernardino Rivadavia para afrontar los permanentes inconvenientes económicos que tiene ante la falta de fondos.

“La biblioteca funciona en un palacio que es bellísimo, pero pobre. Nosotros nunca tuvimos recursos excepcionales”, explicó Serruya.

El “palacio” es el edificio de la década del 30 ubicado en avenida Colón 31, declarado monumento histórico nacional y patrimonio arquitectónico de la provincia de Buenos Aires.

La obra del arquitecto bahiense Ernesto Guiraud está trazada en elegantes líneas del estilo Luis XVI y cuenta con salas de estudio y lectura, otras para talleres y charlas y un lujoso auditorio para eventos culturales.

Los gastos incluyen no sólo el mantenimiento del edificio histórico, sino también los servicios, los sueldos del personal (el Concejo trabaja ad honórem) y las adquisiciones tecnológicas y de materiales necesarios.

1.000 más

Como toda biblioteca popular, el principal ingreso es el aporte de los socios, pero tan sólo cuenta con un poco más de 2.800 en la actualidad. Necesitan unos 1.000 más para salir a flote cada mes.

Serruya, quien con 85 años desde los ocho transita por los pasillos y salas de la biblioteca, recordó que en la década del 70 había entre 5.000 y 6.000 socios.

Era otra época. “Vivíamos en la biblioteca, además era un punto de reunión, no había fotocopias, todo se leía en los libros. La Sala Sarmiento, la grande, estaba permanentemente llena”.

Los cambios culturales, como el auge de la informática y las reformas en el sistema educativo con menos lectura diaria, tuvieron su impacto en la biblioteca, y la cantidad de socios fue mermando con el paso de los años.

La institución también depende de los subsidios, muy difíciles de conseguir. “Se gestionan muchísimos subsidios, somos el Premio Nobel del rechazo”, graficó Serruya.

En los últimos meses se van sumando de a poco nuevos socios, uno o dos por día. La economía del país puede ser uno de los motivos. “En Argentina, el libro volvió a ser un objeto de lujo”, indicó.

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