Con el inminente y anhelado regreso del tren, los bernalenses esperan solución a problemas surgidos por la falta de previsión en la obra del bajovías que la gestión pasada no escuchó
Es inminente el regreso de los trenes de la Línea Roca, de una vez y, por fin, electrificado, después de tantas veces anunciado y de décadas de promesas incumplidas. El tren eléctrico es una realidad y desde mañana o en los próximos días comenzaría a cumplir el servicio entre Plaza Constitución y Quilmes, en ambos sentidos. Sin dudas, esta es una gran noticia para los habitantes del distrito, ya que los vecinos de Quilmes, Bernal y Don Bosco podrán disfrutar de un servicio a la altura de las circunstancias y, de marchar todo como corresponde, ahorrar tiempo y dinero. Sin embargo, más allá de la alegría por esta realidad esperada hace muchos años, los bernalenses volverán a sufrir la pesadilla que genera cruzar la localidad de este a oeste y viceversa.
Por un lado, con las recientes pruebas, la barrera de la calle Ramella, único cruce que quedó habilitado en Bernal para pasar de este a oeste en automóvil, volvió a colapsar, aun fuera de las horas pico. Días de semana de enero, de por sí, con mucho menos movimiento, cerca de la 13.30 una formación realizaba la prueba, por lo que las barreras se bajaron y en los menos de 4 minutos que estuvo cerrada, la fila de autos doblaba por Crámer (más de una cuadra) en ambos sentidos.
Por eso, la preocupación de los vecinos creció, ya que según cuentan "cuando empiece a funcionar el tren eléctrico, aun con el cronograma del diésel como afirman, van a volver los viejos problemas con la barrera: demoras, largas filas y la aventura que significa meterse en San Martín".
No está de más decir que, según se vio en los días de testeo, la barrera de Ramella sigue bajando cada vez que la formación está entrando en las estaciones de Bernal y de Don Bosco, por lo que las demoras no son menores a 4 minutos (en horas pico se forman hasta 3 cuadras de cola). Y ni hablar si mientras un tren está llegando o pasando por el cruce el que viene del otro lado ingresa a una de las estaciones mencionadas: varios minutos de parate.
Sería bueno que esta nueva gestión municipal, a diferencia de la anterior, escuche este reclamo y trate con la empresa ferroviaria o con el Ministerio de Transporte la posibilidad de que las barreras bajen cuando las formaciones salen de las estaciones y no cuando están arribando. Eso ahorraría gran cantidad de tiempo de espera. Y que además, siga el móvil de Control Urbano en la barrera de Ramella para supervisar y ordenar la salida del cruce.
A su vez, mientras duren las obras del bajovías de Espora-Avellaneda (no serían menos de 8 meses, en el caso más optimista), es imperioso que se habilite el paso a nivel de la calle Constitución, para que los bernalenses y los automovilistas, en general, puedan cruzar de oeste a este sin tener que trasladarse a Quilmes (barrera de Lamadrid) o a Don Bosco (José Ingenieros), lo que es el despropósito que hoy y desde hace casi un año se vive.
El paso por Constitución, aprobado por UGOFE, fue parado por el reclamo de un puñado de frentistas de dicha calle de Villa Crámer, que presentó un amparo que la gestión Gutiérrez acató sin mayor resistencia.
Así las cosas, cinco o seis frentistas perjudicaron a decenas de miles de vecinos y los automovilistas deben hacer varios kilómetros de más para poder pasar de oeste a este.
Los argumentos eran el talado de 3 o 4 árboles para hacer el cruce y los problemas que iban a generar los camiones que circularan por allí. En el primer caso, se iban a sembrar varias especies más de las que se quitaban. Mientras que el tema de los camiones, con controles municipales serios (ausentes en la administración pasada, especialmente en horas pico), se solucionaría sin ningún inconveniente, favoreciendo la circulación de miles y miles de personas.
Por último, otro de los temas que se impone es la construcción de cruces peatonales. Hoy Bernal cuenta con 10 cruces de vías para los peatones en casi 3 kilómetros de extensión: Las Heras; a 7 cuadras, Zapiola; a 4 más, está la estación de Bernal (en Castro Barros y también está el túnel, imposible para la gente mayor o con impedimentos físicos); a 7 más, Ramella; a 5 más, Montevideo; a 4 más, Agustín Álvarez; a 5 más, José Ingenieros; a 4 más, Kennedy y a 2 más, Los Tilos.
En las zonas en las que se superan las 4 cuadras (contemplando que son peatones, es una distancia a tener en cuenta), habría que habilitar nuevos cruces, que a partir de lo silencioso que es el tren eléctrico, debieran ser elevados, tipo puente, para de esa manera evitar accidentes.
Todas estas cuestiones tienen que ver con algo que en varias notas denunció EL SOL cuando se iniciaron las obras del bajovías y que desde la Municipalidad nadie escuchó ni tuvo en cuenta. La falta de previsión al ejecutar las tareas derivó en que hoy Bernal esté dividido en dos.
Es de esperar que esta nueva gestión entienda la situación de miles de vecinos que solamente quieren poder moverse con libertad mientras concluyen esta obra, más que necesaria para el progreso de Bernal y del distrito.
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