Berlusconi reiteró su inocencia y ya no amenaza con hacer caer al gobierno

Berlusconi reiteró su inocencia y ya no amenaza con hacer caer al gobierno
El ex premier había dicho que podría romper la alianza gobernante.
El clima incendiario que se vivió en los últimos dos días, tras la condena inapelable a cuatro años de prisión para Silvio Berlusconi, incluso con la tétrica evocación del espectro de una guerra civil en Italia en defensa del líder de las derechas, se aguó ayer en la manifestación convocada en solidaridad con il Cavaliere. El “mar de gente” del que habló el mismo Berlusconi se redujo a dos mil entusiastas e indignados. Y en su discurso el tres veces ex primer ministro dejó de lado las amenazas, se emocionó hasta las lágrimas, dijo “yo no aflojo, soy inocente, sigo adelante”, pero no lanzó más la consigna de romperlo todo, hacer caer el gobierno e ir a las elecciones anticipadas.

Al contrario, abrumado por un calor de 40 grados que cocinaba a todos frente al céntrico palacio Grazioli, su residencia romana, Berlusconi redujo a 15 minutos su presencia en el palco, acompañado solo por su novia oficial Francesca Pascale (medio siglo de diferencia de edad), que no tenía esta vez en brazos al perrito bandido Dudú.

Il Cavaliere dijo algo muy importante en este momento de aguda crisis. “El interés de Italia está por encima de todo.

El gobierno debe seguir adelante y el Parlamento debe continuar, aprobar las medidas económicas concordadas y aprobadas por el gobierno”.

Se acabaron las amenazas de lanzar la batalla de las elecciones anticipadas para reformar la justicia. También las presiones desmedidas sobre el presidente Giorgio Napolitano para que conceda un inmediato indulto mediante la gracia presidencial, algo imposible en términos institucionales, en favor del condenado.

Napolitano estaba de vacaciones en las montañas y volvió para tomar las riendas de la situación. Calificó de irresponsable a Sandro Bondi, uno de los “coroneles” de Berlusconi que evocó la guerra civil si no se devolvía la plenitud “de su libertad” al líder absoluto de la centroderecha, que vive con angustia el luto del ocaso traumático.

El primer ministro Enrico Letta, un moderado católico del partido Democrático de centroizquierda, en el gobierno con una coalición contra natura con la centroderecha berlusconiana, decidió ayer pasar a la ofensiva. En sintonía con el presidente Napolitano, advirtió en privado que no se iba a dejar desgastar y que renunciaría de inmediato si hacía falta. Napolitano, a su vez, hizo saber a Berlusconi que también él podía renunciar y que podía sucederlo un personaje mucho menos “garantista” para Berlusconi. Que si el magnate de las televisiones privadas y la editorial Mondadori empujaba hacia el abismo de las elecciones anticipadas en medio de la peor crisis económica y social de la posguerra, los contragolpes sobre las inversiones y los negocios serán muy serios. Y las empresas de Berlusconi sufrirán también las consecuencias.

Al final de su discurso en el que reiteró su inocencia, Berlusconi se conmovió hasta las lágrimas. “He pasado los peores días de mi vida, ustedes me consuelan”, dijo sinceramente. Algunos testigos vieron que seguía llorando cuando entraba en el palacio Grazioli.

La realidad es sombría para él. Pronto le quitarán el pomposo título de Caballero del Trabajo. Y deberá renunciar o lo echarán del Senado debido a la condena.

En dos meses a más tardar, comenzará a cumplir el año de prisión que le queda, gracias a que de los cuatro años de condena recibió tres años de indulto por una ley de 2006.

Comentá la nota