Bodegueros de San Juan y Mendoza pedirán que se dé marcha atrás con el reconocimiento oficial a la uva chinche. Movida política y escándalo
A través de la resolución número 23 del 12 de junio de este año, el Instituto declaró al de la Costa “vino regional”, lo que les permite tanto a los productores de Berisso como a los de Avellaneda (los dos distritos bonaerenses donde se desarrolla el emprendimiento), no ya comercializarlo como “casero” sino como otro tipo de varietal y los autoriza a la vez a incorporar en la etiqueta la clase de uva con la que se lo elabora: “Isabella”, que procede de la “vitis labrusca”, una cepa de origen americano que se adaptó a las condiciones agroecológicas de la ribera berissense. Además; ahora las familias productoras quedan habilitadas para inscribirse en los registros de la repartición nacional que regula la actividad.
Considerada en Mendoza y San Juan una vid no permitida por la legislación porque no está incluida en la fermentación natural de las vitiviníferas, en las bodegas de esas provincias objetan la “excepción” que jerarquiza el “Isabella”. Sostienen que la uva producida en Berisso, “chinche”, es de baja calidad, y que se corre el riesgo de que la medida del gobierno nacional otorgue en un futuro luz verde “a otras variedades no vitiviníferas”.
Semanas atrás, cuando en el Senado de la Nación se aprobó la ley que declara al vino “Bebida nacional”, legisladores mendocinos “colaron” el tema durante el tratamiento de la iniciativa. Laura Montero, representante del radicalismo, presentó un proyecto para que el INV dé marcha atrás con la decisión de recategorizar el Vino de la Costa. “Entendemos -fundamentó en la iniciativa- que la resolución 23/13 es un verdadero retroceso para la vitivinicultura nacional y compromete el nombre que nuestro país se ha sabido ganar en el mundo”.
HISTORIA Y CULTURA
En la Cooperativa de Provisión y Comercialización de la Costa, que nuclea a los emprendedores de lo más típico de Berisso (además del vino, el mimbre, la ciruela y la caña) rescatan la historia y la cultura en la que está inmerso el Vino de la Costa. El presidente de la organización, Andrés Aguiar, resaltó, en ese sentido, el origen de la producción local, que se remonta a 1920, con la llegada de los inmigrantes que se instalaban en la ciudad vecina para trabajar en los frigoríficos. “Ya por entonces se desarrollaba en las quintas. Es un producto característico, con identidad territorial, y este reconocimiento fortalece la actividad agropecuaria del distrito, con familias que tienen una hectárea y media implantada. Yo creo que se habla desde el desconocimiento de la producción y del consumo de la Región, donde el Vino de la Costa está culturalmente arraigado”.
UNA UVA “DISTINTA”
Enólogo, nacido en San Juan pero desde hace tiempo vecino de la capital federal, Héctor Becerra aporta su experiencia al grupo de productores regionales desde hace ocho años. En su opinión de experto catador, la uva de la que sale el Vino de la Costa y que salvó a la actividad vitivinícola de Europa luego de que una plaga arrasó con más de un millón de hectáreas del continente a mediados de 1800, “no es de mala calidad” sino “distinta”. Según el especialista, ambas “vitis” no son comparables. “No es un cabernet, ni un sirah ni un malbec; está claro, es otra cosa. Se trata de una variedad dulzona, de aromas fuertes, que alguna vez fue cortada con mosto por los pobladores para suavizarla, pero en la zona están muy acostumbrados a consumirla”.
La uva regional tiene, según Becerra, enormes ventajas desde el punto de vista de la productividad: “Es muy resistente a las enfermedades, las sequías y las inundaciones”, explicó.
Desde Mendoza, el director ejecutivo del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, Mauro Sosa, opinó que la resolución del Instituto de Vitivinicultura “no parece ser un buen antecedente” y calificó a la medida como “una pequeña grieta que se puede transformar en un agujero negro de un mercado nacional e internacional altamente competitivo”.
Según planteó el bodeguero, la polémica surge porque “se está en una zona gris, en la que se atiende la historia de una producción que no ha influido en el desarrollo de la vitivinicultura”. El dirigente propone, como solución al conflicto, que “se busque el equilibrio entre la necesidad política del gobierno nacional de contener a los productores y ver como los incorpora a la vitivinicultura invitándolos a la reconversión”.
El 22 de este mes puede abrirse otra instancia de la controversia. Los viñateros cuyanos van a proponer en el Instituto una modificación a la resolución 23. “Esperamos que se atienda también nuestro pedido”, concluyó Sosa.

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