Han cesado las intensas lluvias y aunque todavía el barro no ha dejado lugar al piso firme, las familias que han sido reubicadas en el barrio El Porvenir se las arreglan para entrar o salir y realizar sus tareas habituales.
Las casas fabricadas de chapas de cartón forman filas de a pares y resultaron la solución más urgente ante la crecida de los ríos, riachos y lagunas para albergar a familias en situación de vulnerabilidad.
Las carencias de todo tipo desnudan una pobreza estructural, aún en la asistencia más esmerada por parte del Estado. Es evidente que no podrán asistirlos eternamente o no al menos con la misma intensidad de la emergencia.
Colchones, camas, varillas, alimentos, ropas, forman parte de la carga de algunas instituciones que llegan en auxilio, muchas del estado y otras de la solidaridad de la gente.
Pero el mayor problema no radica en que se les inundaron las precarias casas donde vivían, ni el baño lleno de agua o el frío que llega por la noche sino en la falta de un horizonte de progreso, de un trabajo digno, de un futuro para sus hijos.
Una joven de 24 años, albergada en una de las casillas, es integrante del Plan “Ellas hacen” donde recibe $2000, tiene cuatro hijos y es madre soltera. Recibe las AUH por sus hijos pero aun así les solicita a quienes la están asistiendo pañales para su hija de dos años puesto que el dinero no es suficiente.
Un informe del ANSES indica que en Formosa son 62.652 niños los que reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH) por un total de $23.251.991 y 1428 las titulares de la Asignación Universal por Embarazo por $525.385. Además la provincia está entre los porcentajes más altos de cobertura (entre el 40% y 50%)con respecto a otras provincias.
En consecuencia un solo ejemplo revela lo que varios informes ya han puesto de manifiesto, el hecho de que el aporte que en éstos planes sociales se hacen a las familias pobres y con niños en edad escolar al facilitarles el contacto con sistemas de protección social más integrales, también se reconoce “la persistencia de un conjunto de hogares en situación de elevada vulnerabilidad social donde la transferencia recibida a través de los planes sociales, no alcanza a constituirse en un elemento suficiente para revertir la situación de desprotección y/ o de carencia social que los afecta” (Aset).
Sencillamente quedan confinados a ser meros beneficiarios pasivos de la asistencia social perdiendo su esencia de sujetos activos de derechos y de obligaciones. El concepto “trabajo digno por salario digno” se desdibuja y con ello la desesperanza gana el espacio de la iniciativa.
Como ejemplo basta ver la situación, esas familias tendrán que pasar en algún momento de esas casas de chapa cartón a viviendas mejores que eleven su condición de vida. Con la asistencia social sucede lo mismo, después de los “planes” viene la generación de empleo genuino o solo quedarán en la misma situación de vulnerabilidad.
La cuestión tampoco pasa por denostar la acción social del estado ni por estigmatizar como “vagos” a quienes la reciben sino encontrar como sociedad una solución y una vez hallada exigirle a quienes administran lo público que la pongan en práctica.
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