Benedicto XVI negó haber recibido presiones para renunciar al papado

En una carta, el Papa emérito tildó de “absurdas” las especulaciones sobre su decisión.
Un año después del histórico anuncio de su renuncia como pontífice reinante, el hoy Papa emérito Benedicto XVI rechazó las “especulaciones” sobre su inédita dimisión, que dio lugar a la elección de Jorge Bergoglio el 13 de marzo pasado.

“No existe la menor duda sobre la validez de mi renuncia al ministero petrino y las especulaciones al respecto son simplemente absurdas”, escribió el Papa emérito. Joseph Ratzinger, señala Andrea Tornielli en Vatican Insider, el óptimo suplemento religioso del diario La Stampa de Turín, “no se vio obligado a renunciar, no lo hizo debido a presiones o conspiraciones: su renuncia es válida y hoy en la Iglesia no existe ninguna ‘diarquía’, ningún doble gobierno. Hay un Papa reinante en pleno uso de sus funciones, Francisco, y un emérito que tiene como ‘único y último objetivo’ rezar por su sucesor”.

Tornielli, que es amigo del alemán Ratzinger y escribió un libro sobre él, señaló que desde el monasterio “Matre Ecclesiae”, en los jardines vaticanos, donde se aloja, Benedicto XVI se propuso “negar las interpretaciones sobre su gesto histórico de hace un año, que diferentes medios y sitios han retomado en ocasión del primer aniversario de su renuncia”.

Ratzinger respondió en la carta a unas preguntas que le mandó Tornielli, quien recuerda que el pontífice, de 86 años, recordó su libre decisión de renunciar por motivos de edad: “Ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministero petrino ”.

El momento de la renuncia tuvo un contexto dramático por los escándalos que castigaban la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, como un vendaval. La lucha entre facciones, el robo de documentos de los aposentos personales de Benedicto XVI por parte de su mayordomo y los casos de corrupción en el IOR, el llamado banco del Papa.

El clamoroso e inesperado anuncio de Ratzinger es hoy considerado el más lúcido gesto de sus casi ocho años de pontificado, pues puso a los conspiradores en retirada y a la Iglesia en estado de asamblea frente a sí misma y la crisis que se expandía afectando su prestigio.

Benedicto XVI no se equivocaba. El vendaval de los vientos de cambio llegó con la elección del argentino Bergoglio, que está haciendo una revolución gentil pero de reformas radicales en la Iglesia, convocando a millones de católicos que vuelven a tener confianza, sobre todo gracias al nuevo Papa, su estilo y su apostolado para una “una iglesia pobre y de los pobres”.

En su carta al vaticanista Tornielli, Benedicto XVI recordó: “Y no tengo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, pero en el servicio de la oración permanezco, por así decirlo, en el recinto de Pedro”, en territorio vaticano.

En el Consistorio que convocó el sábado pasado Francisco para crear 19 nuevos cardenales, la Iglesia vivió un gran momento de unidad reforzada y de apoyo al Papa argentino con la presencia de Ratzinger, quien se abrazó con Bergoglio en la basílica de San Pedro.

Esta presencia avivó las esperanzas que el Consistorio de los dos papas, inédito en la historia de la Iglesia, se complete con la asistencia de Ratzinger, el 27 de abril, a la canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II. Esta vez los papas serán cuatro.

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