Tremendo. Belgrano perdía 2-0 y jugaba mal. Pero Lollo descontó y Jorge Velázquez, a los 25 del segundo tiempo, clavó el 2-2. Un jugador resistido por parte de la hinchada que volvió a demostrar.
Apenas a los 36 segundos del primer tiempo, los dirigidos por el Ruso estaban en la boca del Lobo. Y ese fatídico inicio parecía como tantas otras veces un condicionante en la noche de La Plata.
Pero cuando en la ciudad de las diagonales parecía que el Celeste perdería, saltó un personaje que muchos ninguneaban.
Entonces Jorge Velázquez apareció por la izquierda para definir ante la salida de Monetti. Entonces, el 2-1 inamovible del PT fue de pronto un 2-2 digno.
Por Velázquez. "Pecho frío. Intrascendente. Pura táctica y nada de sangre. Calladito. Insulso. Tibio. Poco conmovedor". Sí, fue ese mismo Velázquez que todos etiquetan porque pareciera que sólo juegan bien al fútbol los que gritan y putean, van al suelo o tocan de primera.
"¿Para qué son esos centros, Lobito?", preguntó Belgrano y Gimnasia le respondió que para complicarte mejor. Y el Pirata reaccionó cuando empezaban a devorárselo. Hasta que llegó el señor que en la semana previa al partido le había dicho que no a Día a Día.
"¿Jorge, podemos hablar un rato? Sabemos que se dice mucho sobre vos y queríamos preguntarte al respecto"...
Y Jorge -siempre respetuoso- levantó la mano como pidiendo disculpas. "Me vas a saber entender", dijo quien normalmente no habla antes de los partidos. Pero esta vez su gesto decía algo más. Él sabía que internamente debía demostrar porqué Zielinski siempre lo tiene a mano.
La aparición. Habrá que entender que algunos futbolistas prefieren hablar adentro de la cancha. Como el nacido en Vera, Santa Fe, que quebró la resistencia del groso arquero Fernando Monetti.
"El mudito. Un cumplidor sin energía. Al que le faltan cinco para el peso. Siempre con fiaca".
Un puñado de etiquetas en sus espaldas. Todas esas las dejó atrás cuando vio que Carlos Bueno lo habilitaba en tres cuartos de cancha.
Velázquez, un lector silencioso para tirar una diagonal justo, ahí en la ciudad de las diagonales. Velázquez siempre con la zurda lustrada para talar al Bosque y hacer olvidar -al menos por unos minutos- que Belgrano había arrancado en desventaja en forma tempranera como ante Lanús (Ortíz a los 10 del PT) o contra Boca con Forlín poniendo el 1-0 a los 6 del primero.
Hacerse el zonzo con ese déficit atencional sería poner la basura debajo de la alfombra y al final todo vuelve a la superficie.
Pero cuando el Lobo se comía las tripas de un Belgrano desorientado, no vinieron ni un leñador ni cazadores de cuento. Llegó un tipo con sangre de apellido Velázquez.
Opinión de José Santiago - Redacción Día a Día
Más allá del resultado y de los dramas varios
Dicen que hablar con el diario del lunes es como hacerse el vivo con un machete debajo del banco. Por eso mejor decirlo ahora y que el tiempo haga el resto. Este Belgrano –hace tiempo– eligió una manera de jugar, pero también una forma de ser.
Y esa conducta contrasta con respecto a otros equipos. El domingo último Ramón Díaz (DT de River) expuso que sus jugadores no pusieron los huevos que Colón sí. Días atrás, el señor Bianchi dejaba un halo de misterio sobre la predisposición de los suyos.
No está mal cada tanto sacudir puertas afuera. Pero la B está en otra vereda: no es que no ocurran cosas, pero no practica un perfil mediático y así maquilla en caso de ser necesario.
Lejos de potenciar malas caras, y aun cuando la historia vino torcida (entre el Final 2013 y el Inicial último) nadie salió a tirar “mierda”; no quiero decir que acá haya proyecto porque esa palabra es engañosa y circunstancial. Pero hay un modo trabajado de masticar el drama.

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