Perdió 1-0 ante Central, y lo buscó hasta donde pudo. Después, el rival y su arquero se lo impidieron. Se quedó sin votos para el gol.
Pero la veda le llegó a Belgrano en el peor momento posible. Como si la ordenanza rompiera cualquier proyecto de un equipo dispuesto a ser Canalla en su regreso al Gigante. Pero la pelota vino desde la luna (gracias a la magnífica ejecución de Ferrari) y Luna, éste más terrenal y sin cráteres en su juego, rompió los afiches publicitarios de un Belgrano que estaba bien posicionado en las encuestas electorales.
“Fue un buen centro de Ferrari y Luna es efectivo ahí adentro. Hace un buen movimiento, le cae en la cabeza y sale bien direccionada”, diría en los pasillos del vestuario Juanca Olave. Es que el gol, a los 44 minutos del primer tiempo, fue como ese llamado molesto, poco efectivo, como el de los candidatos que llaman al teléfono con un contestador para convencer.
“El centro no nos sorprende. Va al segundo palo, es difícil porque viene alto y no había delanteros a la vista. Él hizo movimientos que ninguno de nosotros esperaba. Por eso digo que no siempre hay que buscar culpables en los goles”, agregó Olave, quien volvía después de cuatro partidos tras superar un desgarro en el gemelo derecho.
Obras e intentos. La campaña en el partido de este viernes era clarita. Pero la avenida Carrera al final se postergó porque el alambrado público (las luces que tuvo éste para jugar) fueron unos focos intermitentes que no marcaron el camino. Aunque ni el Pirata ni Ricardo Zielinski se quedaron con eso y pusieron manos a la obra.
Apostaron a la experiencia para manejar las pulsaciones. El Celeste buscó desde el silencio, ya no haciendo alarde de sus características, sino desde su esfuerzo irreprochable. Todos creyeron en el oficio de Carlos Bueno para sumar algunos votos dentro del área; pero el uruguayo fue el CUCUI, un pajarito que cuando estaba a punto de picotear, lo sacaron volando de las narices de Mauricio Caranta.
El cambio Radical entonces quedó en manos de los más jóvenes. Facundo Affranchino más Lucas Zelarayán parecieron darle un nuevo aire a la política futbolera, pero el primero se quedó sin resto y el segundo sin socios para herir a un rival inteligente para soportar en su propiedad privada.
A todo esto, el Frente por la izquierda, es decir Velázquez, seguía fabricando expectativas por todo lo que ha rendido por su franja. Pero sus intentos fueron cayéndose junto a la tarde. Quedó en la lucha el Picante Pereyra a caso como un Vecinalismo Independiente, más allá de asociarse al juego colectivo, tratando de no claudicar en el esfuerzo individual contra toda la defensa visitante. Con la veda impuesta por Central más la propia, Belgrano cambió su Frente para la Victoria y Cuqui Márquez se iba de la cancha con pocas propuestas.
“En el segundo tiempo fuimos. Quizá desordenados, pero intensos, agresivos. Belgrano fue como podía. Alguna atrapó el arquero, otra erramos nosotros, pero hoy (por el viernes) no pudimos meter las que generamos. En otros partidos, de local, veníamos haciendo de a dos o tres goles”, reflexionó el 1 Pirata.
La Unión por Córdoba fue el viernes la unión de un grupo de jugadores que nunca bajó los brazos. Aun atrapado en un cuarto oscuro donde sólo se pudo ver la luna. Que esta vez no fue la de Alberdi, sino una pelada y jodida que la mandó a guardar a la urna.
Y así dejó a Belgrano Bedado y abajo, en una siesta incómoda.
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