La hora más gloriosa de Belgrano. Bajó a River, con todo en contra, y ascendió. ¡Grande!
El cemento más pesado del país los miraba saltar como locos. Unos 30 en el césped y los 2.500 fieles en las tribunas de un Monumental abatido. Todos llorando de alegría por lo mismo. Todos disfrutando de haber dado uno de los golpes más grandes en la historia del futbol argentino. Todos sintiéndose inmortales. Legendarios.
Fue alrededor de las 18 cuando por fin los jugadores de Belgrano pudieron dedicarle la hazaña a su gente. Esos valientes que se quedaron esperando que otros 50 mil primero exploten, luego destrocen y finalmente abandonen el estadio con un dolor peor que mil goleadas juntas. Y que cuando terminó el partido más inolvidable de todos debieron ver a los suyos correr hacia el vestuario para evitar problemas mayores.
“Viejo y glorioso Belgrano de corazón sin igual, tu barra te lo agradece”…, le dedicaban los piratas de civil a los piratas de pantalones cortos. Y el desahogo era tremendo. Es que debieron esperar más de una hora para mimarse los uno a los otros luego de una guerra futbolística en la que el Celeste iba de punto, coma y todos los signos que de puntuación que se le ocurran.
El mono Micky andaba por ahí. Metido en el festejo del plantel. “Déjeme pasar que soy la mascota”, le rogó a un policía. Y paso nomás de cara dura. Bien de cordobés.
Y bien cordobés es este ascenso, loco. Porque había que meter el pecho en ese escenario, eh, había que ser guapo y Belgrano lo fue. Y la provincia entera es de Primera gracias a él.
Porque el equipo de Zielinski fue el peso mosca que derrumbó a Tyson. Fue un grande, en un escenario de titanes, fue como el Uruguay del 50. 11 gladiadores, que vestidos de celeste, silenciaron al mundo. Aquellos fueron uruguayos, estos de la Docta. Los primeros en el Maracaná y los Piratas en el Monumental. Pero no caben dudas: la piña que en aquel momento se comió Brasil, ahora la sufrió nada más y nada menos que River.
Sí, hermano. Si sos hincha de la B, agrandate. No hay forma de no hacerlo. Mandaste al descenso al club más exitoso del país. Un gigante en serio que ayer se fue llorando de su casa. Sumido en el peor capítulo de su rica historia. Ese que pensó que te comía crudo con el gol de Pavone pero que miraba incrédulo cuando Farré lo empataba y cuando el Tanque pasaba de héroe a villano al fallar el penal.
¿Sabías, hincha celeste, que el Millo había sido campeón de la Libertadores un 26 de junio como el de ayer? Fue 15 años atrás, ante América de Cali y en ese Monumental. Ayer, también un 26 del seis y con Almeyda como único sobreviviente del plantel, le cambiaste para siempre la felicidad de aquella fecha. Se la arruinaste.
Así de groso es lo que lograste, Belgrano. Volver a Primera tras cuatro años, volver a manos de los socios y volver a demostrar tu estirpe de cuadro con mística, ya era picante. Pero el Monumentalazo con el que sacudiste ayer al país entero no será olvidado ni por los tátaras nietos piratas ni Millonarios. Grande Pirata, felicitaciones.
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