OTRA POLÉMICA. El árbitro Diego Abal no cobró penal sobre Zelarayán. El arquero de Central se sinceró: “Lo toco”. La semana pasada, Echenique le había dado un gol polémico a la B.
“Lo toco”. Esa confesión en la transmisión de Fútbol para Todos del golero local no hizo más que darle comprensión a los furiosos reclamos de los jugadores de Belgrano. Cuando el Chinito cayó arrastrado a los 41 minutos del primer tiempo y todos esperaban que el juez señalara el punto penal. Minga.
Como si el destino se empecinara en darle de comer a algunos programas deportivos para que llenen su vacío. Otra polémica con el mismo protagonista: Zelarayán. Cinco noches atrás, el propio futbolista quedaba en medio de un gol (a merced de Fernando Echenique) que desató la discusión con miles y miles de fotos para dilucidarlo.
“No está mal que alguna vez sea para nosotros”, había declarado el pasado domingo Ricardo Zielinski, el DT de Belgrano, en alusión a recibir un cobro a favor ante tantas decisiones adversas. Pero su discurso bien podrá cambiar desde anoche, si se tiene en cuenta que ayer, en evidente jugada, y sobre todo ante la confesión del arquero Canalla, no recibió lo que era justo: un penal grandote.
Antecedentes en contra. De mirar el pasado de Abal en relación a Belgrano, los ánimos podrían alterarse aún más. De los últimos tres partidos que lo dirigió (sin contar el de anoche) le expulsó cuatro jugadores: Martín Zapata, Pier Barrios, Víctor Aquino y César Pereyra.
“Lo toco. En otros momentos nos han cobrado en contra; hoy fue a favor”, dijo el arquero. Esas frases contundentes que rebotarán con el correr de las horas. Claro, Belgrano vivió anoche lo que viven todos: el error de los árbitros que reparten para todos lados.
“Fallamos nosotros y los árbitros”, dijo el propio Zielinski días después del triunfo ante River. Y ayer eligió el mismo camino: “El árbitro cobró bien”. Como aceptando que los humanos pueden equivocarse sin querer entrar en nuevas discusiones. Así como la fecha pasada la balanza se inclinó a su favor, anoche lo pagó en contra.
Al final Belgrano volvió a vivirlo en carne propia. Quedó demostrado que en el fútbol las buenas y las malas son una calesita.
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