El hijo de William y Kate, de tres meses, estuvo rodeado de amigos de la pareja real.
“Es la primera vez que está quieto todo el día”, se admiró su padre, el príncipe William, que como un papá moderno llevaba a George en brazos al entrar a la capilla.
La reina Isabel y el príncipe Felipe participaron en la ceremonia. Asombró a todos que la soberana no tuviera un gesto táctil hacia su bisnieto, que miraba esa colección de sombreros de las señoras invitadas con cierta curiosidad, pero sin sonreír o inmutarse.
Sus súbditos habían esperado en la puerta del palacio de St. James toda la noche, bajo la lluvia y el viento. Cuando la primera imagen de George –un rubicundo gordito de 3 meses que hacía su segunda presentación en sociedad, apareció en la TV– lo encontraron muy parecido a William. “ Es un Windsor ”, dijeron. “Salvo que tiene el cabello oscuro de los Middleton”.
La prensa no tuvo acceso a la ceremonia y las fotos oficiales recién se conocerán hoy. Fueron hechas por un fotógrafo que es una “celebrity”: Jason Bell. Los únicos testigos de la ceremonia, excepto los 22 huéspedes y la nanny de William y ahora de George, fueron los integrantes del coro de la Capilla real.
George impuso la tendencia. Con su réplica color marfil de un vestido de bautismo victoriano del año 1841, cuyo modelo usaron la reina Isabel, sus hijos y sus nietas, presidía la ceremonia del más discreto bautismo de la Familia Real. Kate, su mamá, eligió para acompañarlo un diseño crema de Alexander McQueen, en coordinación con su hermana Pippa Middleton, que optó por el mismo color y un tapado al tono.
Una competencia de abuelas en marfil y azul marcó esta ceremonia de sólo 45 minutos, con siete padrinos amigos de los padres, que prefirieron elegir a sus compañeros de universidad o de colegio antes que una legión de desconocidos coronados.
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