La batalla de Tucumán que Belgrano aún no consiguió ganar

La batalla de Tucumán que Belgrano aún no consiguió ganar
Mañana se cumplen 200 años del otorgamiento de un premio de 40.000 pesos fuertes al jefe del Ejército del Norte, suma que este destinó a la creación de escuelas en la provincia, en Jujuy, en Santiago del Estero y en Tarija (Bolivia). El establecimiento tucumano aún permanece inconcluso, según Martha Dichiara. En 1971 ella encontró los antecedentes de la donación y desde entonces lucha por concretarla.
Todo pasa en cámara lenta en este viernes de calor absurdo: los alumnos formados en el patio; la rayuela pintada en el piso de cemento; el bebedero exhausto; las palomas a la caza de migajas. La maestra saluda y la tropa enfila para la puerta, motivada por la perspectiva del fin de semana. Martha Dichiara intenta detener a algunos adelantados, pero los chicos la esquivan con gambetas messianas. Nadie sabe que esa casa inconclusa, la Escuela de la Patria, existe en (gran) parte gracias a esta señora de pelo blanco y vozarrón trémulo que viste una solera con motivos indígenas y camina lento.

Su lucha por acabar este establecimiento peligra por culpa de una baldosa floja, un paso en falso, y unos huesos que no han vuelto a ser los de antes de la caída. Dichiara asegura que su cuerpo de 78 años no puede sostener ya la obsesión que nació en abril de 1971, mientras husmeaba en el Archivo Municipal de San Miguel de Tucumán. La docente y bibliotecaria buscaba los orígenes del Consejo de Educación de la Provincia: la -buena o mala- suerte quiso que en aquel trámite se topara con una carta escrita en 1870 por Bernardo de Irigoyen, entonces presidente de la Junta de Crédito Público de Buenos Aires. Aquella misiva confirmaba la existencia del capital y los intereses de la donación que en 1813 había hecho Manuel Belgrano para la creación de escuelas en Tarija (Bolivia), Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán.

Ese hallazgo epistolar fue el punto de partida de una guerra contra la desidia histórica que había impedido consumar el proyecto del prócer. Dichiara movió cielo y tierra durante 42 años, y en todo ese tiempo creyó -y juró- que no iba a morir sin contemplar la obra terminada. Esta fe comienza a esfumarse. Mañana se cumplen 200 años del otorgamiento de 40.000 pesos fuertes de la época al general letrado en premio por sus servicios con el Ejército del Norte y, en especial, por el -en ese momento reciente- triunfo en Salta, y la Escuela de la Patria permanece a medio hacer. La vuelta de los acontecimientos determinó que, para Belgrano, la batalla de Tucumán comenzase por la independencia de España y prosiguiera infinitamente por la educación.

Reconocimiento

"El pueblo culto nunca puede ser esclavizado". La máxima del creador de la bandera decora un muro de la Escuela de la Patria, cuya primaria y secundaria funcionan en la manzana delimitada por las calles Lavalle, Jujuy, Bolívar y La Rioja. En esa zona se asentó la ciudadela con forma de pentágono que edificó Belgrano durante su estadía en la ciudad. De aquella fortificación sólo queda el recuerdo. Y unas palmeras altísimas y antiquísimas que, cual atalayas, vieron pasar la sucesión de imponderables que postergaron hasta 1998 la decisión de ejecutar la escuela en dos etapas. Carlos Saúl Menem lo hizo. "El Gobierno Nacional hoy comienza a saldar esta deuda histórica", expresó el ex presidente al pueblo tucumano el 20 de junio de aquel año. En ese mensaje anunciaba el envío de $ 2 millones para la construcción de una escuela para 2.300 alumnos con biblioteca, hemeroteca, medioteca, depósitos, cantina, club de alumnos y salón de usos múltiples. La primera parte del proyecto (incluyó salas, aulas y algunas oficinas) fue inaugurada por el gobierno de Antonio D. Bussi. Esa obra previamente había entusiasmado a los ex mandatarios justicialistas Amado Juri y Ramón Ortega, que en 1994 conformó una comisión para gestionar los fondos ante la Nación. Dicho equipo estaba integrado por el gobernador; Alfredo Dato (ministro de Gobierno, Educación y Justicia); Pola del Valle Ledesma (secretaria de Educación y Cultura); Miguel Nacul (diputado nacional); Dichiara y Ángela Imelda Gómez (jefa de Planeamiento de la Dirección de Materiales y Construcciones Escolares). Con anterioridad, en 1993, la provincia había conseguido que la construcción de su Escuela de la Patria fuese incluida en el presupuesto del Poder Ejecutivo Nacional del año siguiente.

Aquel reconocimiento oficial de la deuda para con Belgrano y Tucumán fue para Dichiara como tocar el firmamento celeste y blanco con las manos. Desde 1971 había acudido a todos los funcionarios públicos que, según su criterio, podían ayudar a desempolvar la donación olvidada entre las vicisitudes coyunturales (Dichiara relató esa aventura surrealista en el libro "Pétalos de historia belgraniana", de 2010). En el envión, llegó incluso a exponer el asunto en el despacho de José Ber Gelbard, ministro de Economía de Juan Domingo Perón.

Ideología

Cuando por fin pensaba Dichiara que la cosa estaba encaminada, otro suceso adverso se interpuso en la ejecución de la donación: Bussi ordenó trasladar dos escuelas públicas de la provincia con problemas edilicios (la Manuel Belgrano y la Comercio Nº3) a las instalaciones construidas con los $ 2 millones enviados por Menem. Esa decisión conspiraba contra el propósito de erigir una institución nueva y modélica que aplicase los reglamentos redactados por el donador. Y la Escuela de la Patria fue inaugurada como estaba, sin los talleres ni las facilidades deportivas ni la selección de directivos y docentes por concurso público que debían distinguirla, ni la explanada para ceremonias destinada a honrar la memoria del líder del Ejército del Norte.

Nada de eso se hizo, pese a que, en 2000, el entonces gobernador Julio Miranda decretó la constitución de otra comisión especial para diligenciar la entrega de los fondos de la segunda etapa. Integran esa mesa ad hoc el titular del Poder Ejecutivo, la ministra de Educación y Cultura, Nacul, Dichiara, el arquitecto Guido Gómez, la profesora Julia Elena Challe Alsina y un representante del Instituto Belgraniano. "Jamás nos hemos reunido", afirma la bibliotecaria jubilada, que dice haber hecho lo que estuvo a su alcance para movilizar a la comisión. Según su opinión, el establecimiento no es concluido por razones ideológicas. Este año, el ministerio que conduce Silvia Rojkés resolvió dejar de lado el título militar y denominar a la institución "Escuela de la Patria Doctor Manuel Belgrano".

Néctar

En el transcurso de dos centurias, los 10.000 pesos fuertes a un interés del 5 o 6% anual que correspondían a Tucumán se convirtieron en una suma inverosímil. A Dichiara le gusta hablar de un capital inicial próximo a 18 kilogramos de oro que, en la cotización actual, supera los uSs 900.000 o $ 4,5 millones. En un mundo donde los créditos se pagasen puntillosamente, la Escuela de la Patria sería multimillonaria.

Pero la realidad es otra: el establecimiento educa a casi 3.000 chicos (700 alumnos más que los que preveía Menem) de primaria y secundaria en un predio compartido con la Dirección de Arquitectura y Urbanismo, y con la estructura en ruinas del ex Hospital Santillán. Las carencias de la Escuela de la Patria quedaron expuestas en 2011, cuando dos de sus estudiantes se quitaron la vida.

Todo pasa en cámara lenta: la impotencia de Dichiara, que considera que el pueblo de Tucumán es responsable del incumplimiento de la voluntad del prócer; el bicentenario de un sueño nacido en la convicción de que los males que afectaban a la Nación joven de 1813 se debían a la falta de educación. Esa pesadísima deuda material y moral pende sobre el presente como sobre el frente de la Escuela de la Patria pende el escudo que diseñó Belgrano y cuyo lema reza: "venid que de gracia se os da el néctar agradable y el licor divino de la sabiduría".

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