Un agricultor asegura que hace 6 años los aireadores de semillas de Cotagro le impiden dormir y eso les ha provocado a él y a su mujer severos daños de salud. Denunció a la empresa y al Municipio. Pero, en respuesta, le revocaron el permiso para sembrar las banquinas y no le dejan abrir un comedor familiar
Entonces, la calma y el más absoluto silencio se instalan en el pueblo...Siempre que no estén encendidos los aireadores que mantienen seco el cereal en los silos.
El zumbido permanente en plena madrugada le ha quitado el sueño a la familia integrada por el agricultor José Arnoldo Bussi, su esposa Mariela Taverna y sus dos hijos, Natanel de 17 años y Candela de 9.
Todos ellos duermen en una habitación grande cuyas ventanas dan a la calle, es decir, a los motores de los aireadores de cereal. Probaron de todo para atemperar el molesto ruido. Mantienen herméticamente cerradas las ventanas y les colocan frazadas encima todo el año, incluso los días más calurosos; Natanel dice que se acostumbró a dormir tapándose los oídos con la alhomada y las noches más críticas se muda a lo de su abuela; el agricultor y su esposa usan tapones y recurren a los tranquilizantes.
Pero aseguran que la batería de paliativos no les alcanza y reclaman: "No queremos que levanten los silos, lo único que pedimos es que desde las once de la noche hasta las 6 de la mañana apaguen los aireadores porque el ruido que hacen no nos deja dormir desde hace seis años".
Lo que podría ser un problema pasajero, para ellos se transformó en el centro de su vida porque, aseguran, se ven obligados a soportarlo hasta tres veces por semana, según la época del año.
El especialista en medicina del trabajo, Rubén Spizzirri certificó que este vecino de 54 años con claros signos de neurosis en el habla y en un tic que le entrecierra los párpados, presenta: "hipoacusia perceptiva bilaeral acústica, trastornos de ansiedad, dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad, fatiga y síntomas fóbicos".
Según el médico, el traumatismo acústico aparentemente fue ocasionado por los ruidos molestos de excesiva intensidad y casi permanentes que le han provocado una discapacidad del 18 por ciento.
Pero quien habría sufrido la peor parte es su esposa, una mujer de 40 años que no sólo padece las mismas lesiones auditivas de su marido, sino que producto del estrés se le diagnosticó colon irritable con consecuencias cardiovasculares, una afección que sería irreversible.
¿Jueza y parte?
Lo que empezó con reclamos verbales al encargado de la planta, luego al subgerente de Cotagro, al intendente anterior y al actual, siguió con exposiciones policiales y notas al concejo deliberante y al Organismo Intermunicipal de Bromatología y Control Ambiental.
Lo único que consiguió fueron mediciones que revelaron que el nivel de ruido de los aireadores oscila entre los 53 y los 58 decibeles, y el controvertido dictamen de la Jueza de Faltas Regional, María Rosa Baudino que resolvió que el reclamo del vecino José Arnoldo Bussi queda desestimado porque el nivel de ruido que emite la planta cerealera se encuadra dentro de lo que marca la ley.
Baudino, además de Jueza de Faltas, sería asesora letrada de la propia empresa involucrada en el reclamo, la Cooperativa Cotagro. Así lo denunció Bussi en la Justicia y fue reconocido a PUNTAL por fuentes de la firma: "Sí, ella es asesora letrada y trabaja medio día en la firma", admitieron.
El dato también fue corroborado por el intendente Farías. "Si a Bussi le parece que la jueza actuó mal por estar vinculada a Cotagro, tendría que haber ido contra ella y no contra nosotros", se despachó.
Denuncia y represalia
Desde hace ocho años, Bussi tiene permiso municipal para sembrar soja en las banquinas de la Ruta Provincial 11. Así se lo permitió el anterior intendente, Juan Carlos Gastaldi, y lo mismo hizo su sucesor, Omar Farías, a través de una nota del 24 de noviembre de 2008.
Cuando Farías firmó ese permiso, ignoraba que días antes Bussi había presentado en los tribunales de La Carlota una demanda contra la principal empresa del pueblo pidiendo la cesación de los ruidos molestos y también contra el municipio por no controlar el cumplimiento de las ordenanzas.
"A él no lo pudo tomar por sorpresa porque ya hacía tiempo que yo le venía diciendo: Omar, esta demanda te va terminar cayendo a vos, y el me decía que hiciera lo que tenía que hacer", confió el vecino, un antiguo compinche del mandatario.
Pero la aparente apertura del intendente se esfumó cuando un juez de La Carlota lo citó a una conciliación. Entonces, empezó una verdadera guerra de nervios que terminó cortando el hilo por lo más fino. Una inspección de bromatología obligó a Bussi a cerrar el comedor familiar que funciona en su vivienda, en la Avenida Marcellino 233.
"La excusa era que la cocina no estaba edificada en el lugar donde correspondía y que tenemos que hacerla en otro lado", dijo Mariela Susana Taverna.
A su vez, el agricultor y su familia presentaron -esta vez en los tribunales riocuartenses- una demanda reclamándole a la Cooperativa Cotagro y a la Municipalidad de Bengolea la suma de 210 mil pesos por daños y perjuicios.
Eso fue apenas el preludio. El golpe de gracia llegaría días atrás, el 23 de septiembre, cuando el jefe comunal y su secretario de gobierno, Guillermo Cuello, le enviaron a Bussi una carta documento revocándole el permiso para continuar sembrando en las banquinas de la ruta.
En lugar de buscar una solución que le ponga fin al desgastante altercado entre una familia y la principal empresa de Bengolea, el Municipio parece empeñado en sumar nuevos motivos para que los Bussi no puedan recobrar el sueño.
Comentá la nota