La remodelación de la calle Mitre permitió hallar, a poco más de un metro de profundidad, un relleno de residuos. Es en la cuadra más cercana al Centro Cívico.
Explorar el subsuelo de un sitio tan trajinado como la calle Mitre puede deparar todo tipo de sorpresas. Lo sabían de sobra los arqueólogos que conocen la historia local y también lo intuían los ingenieros de Planobra, la empresa que trabaja en la remodelación integral del paseo.
Por eso hoy se turnan sin mayores problemas para cumplir cada uno con su tarea.
Ya habían existido algunos hallazgos a la altura de Mitre al 600, pero cuando la obra llegó a la primera cuadra (entre los arcos y la calle Quaglia) el zanjeo dejó al descubierto un basural de más de 100 años que puede dar infinidad de datos sobre el pequeño caserío que nació por entonces a orillas del Nahuel Huapi.
El equipo de arqueólogos está encabezado por Solange Fernández Do Río (Parques Nacionales) y Marcia Bianchi (investigadora del Conicet).
Las condiciones no son ideales. Los científicos trabajan ad honórem y -a pesar de que es obligatorio- no existió un estudio de impacto previo, lo cual impidió capacitar al personal de Planobra y obliga a improvisar.
Fernández Do Río dijo que el basural es muy grande y sólo podrán desenterrar una parte. “Lo que está debajo de la calle no lo vamos a poder tocar”, señaló.
Trazaron cuadrículas sobre el sedimento, a una profundidad de 120 centímetros. Según Fernández Do Río aparecieron ya un antiguo reloj despertador, numerosas botellas, pedazos de vajilla, huesos de animales, latas y utensilios de metal.
Fernández Do Río dijo que el sitio exacto del basural es donde estuvo la casa de Carlos Wiederhold (un inmigrante chileno que tuvo el primer almacén de ramos generales) y que luego fue propiedad de la firma Hube & Achelis y La Chile Argentina.
Lo exige la ley, pero de todos modos no se realizó un estudio de impacto previo a la obra. Los arqueólogos improvisan sobre la marcha.
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