La basura que recibe al visitante en El Mollar

Causa mala impresión. Contamina. Arruina lo bello. Refleja la falta de educación de las personas, pero también el escaso respeto por los otros. La basura pareciera formar parte de la idiosincrasia de los tucumanos y es causa de queja permanente de quienes la padecen y que a menudo se sienten impotentes para torcer ese destino. Pero ello no sólo ocurre con los vaciaderos de desperdicios, sino también con las plantas de clasificación y tratamiento de residuos.

Ello sucede con la planta que está emplazada en la entrada de El Mollar. Los pobladores de esa localidad, enclavada en el paradisíaco Valle de Tafí, reclaman constantemente por el mal olor, la proliferación de insectos y la pésima bienvenida que recibe el visitante. Un grupo de reclamantes inició una campaña con el objetivo que se cambie la localización de la planta y distribuyó panfletos para difundir su padecimiento.

Financiada por Minera La Alumbrera, la planta se levantó en 2002 con la misión de sanear el medio ambiente de la zona. Sin embargo, el lugar de su emplazamiento fue resistida por vecinos y comunidades indígenas de la zona, pero las quejas nunca fueron escuchadas. En la planta sólo se efectúa la clasificación de la basura, pero no se realiza su procesamiento.

El comisionado rural de El Mollar dijo que la Municipalidad de Tafí del Valle no paga el canon correspondiente por usar la planta, pese a que el intendente tafinisto asegura lo contrario. Contradiciendo a los vecinos, agregó que no hay ni malos olores ni moscas, porque “se está aplicando un tratamiento a lo inorgánico con productos eficaces”, dijo. Los plásticos, vidrios y cartón son compactados para la venta.

Los vecinos lograron que se concretara una reunión entre las autoridades vallistas, comunidades indígenas y funcionarios del ministerio del Interior, de Economía y de la Defensoría del Pueblo. Se acordó inicialmente que la Provincia se ocupará de que la planta procese la basura inorgánica, según lo previsto cuando comenzó a funcionar, pero su traslado será discutido en el futuro.

Será positivo, por cierto, si este acuerdo se llegara a concretar finalmente. Pero también es importante su emplazamiento porque una planta de basura ubicada en la entrada de cualquier población causa una pésima impresión a cualquier visitante. No se entiende que antes de construirla, no se haya pensado su ubicación en otro lugar. Algo similar ocurrió, por ejemplo, con los dos vaciaderos históricos de San Miguel de Tucumán, que fueron emplazados a la vera del río Salí. En cualquier parte del mundo sería impensable depositar la basura en las cercanías de un curso de agua. Es difícil imaginar la instalación de una procesadora de desperdicios en la entrada de Villa Carlos Paz, de Las Grutas, del Valle de la Luna, o en la puerta al Machu Picchu o en las orillas del Sena o del Danubio.

“Tucumán tiene uno de los paisajes más bellos de la Argentina. Qué pena que ni los gobernantes ni los vecinos actúen en consecuencia. Me asombró el descuido de El Mollar y de Tafí del Valle. La suciedad prospera en cualquier esquina y los insectos hacen de las suyas al aire libre. Qué pena que no se cuide lo que se tiene”, dijo un jubilado cordobés.

Si sembramos en los niños educación cívica es posible que en el futuro haya un cambio y que a nadie se le ocurra plantar basura en la entrada de una población o la vera del río.

Comentá la nota