Barrios colombianizados: “Hay adicciones en chicos de 11 o 12 años y la situación es muy difícil de revertir”

Barrios colombianizados: “Hay adicciones en chicos de 11 o 12 años y la situación es muy difícil de revertir”
El consumo de estupefacientes comienza a edades más tempranas y cada vez son más los niños que deben ser hospitalizados, supo Códigos. Daños colaterales de la violencia con casos de “balazos, piedrazos, son producto de la droga&
El consumo de estupefacientes comienza a edades más tempranas y cada vez son más los niños que deben ser hospitalizados, se indicó a Códigos. Los daños colaterales de la violencia con casos de “balazos, piedrazos, son producto de la droga”.

La realidad es alarmante: barrios de Paraná marcados por la violencia y la disputa territorial entre bandas ligadas a la mafia del narcotráfico, cada vez, con mayores consecuencias. Donde la droga es moneda corriente, son los mismos habitantes de la zona los que pueden indicar en qué lugar se vende, quiénes son los que la comercializan y cuáles son sus víctimas. Pero no lo hacen, no hablan, por miedo. En tanto, niños cada vez más pequeños, seducidos por el consumo de estupefacientes o utilizados como “soldaditos” de los narcos, terminan en los centros asistenciales, hospitalizados, lugares en los cuales el registro es cada vez mayor.

El programa Códigos lo pudo retratar en su edición anterior: El término de barrios “colombianizados” ya se usa en Paraná, aunque parezca “crudo”. La terminología se ventila en algún juzgado de Instrucción Penal donde se ha recibido información confidencial, confeccionada por especialistas de la Policía de Entre Ríos, en la que se menciona que hay una “colombianización” de barrios paranaenses, es decir que bandas de narcotraficantes ya identificadas, miden fuerzas para obtener poderío territorial y económico.

Códigos mostró la semana pasada la realidad de los barrios Lomas del Mirador 1, Lomas del Mirador 2, Barrio Hijos de María, Barrio Municipal, Barrio La Milagrosa, Barrio Jauretche, Paraná XX, en este tema; pero la jurisdicción de la comisaría 12º no es la única que tiene su zona comprometida en la lucha de poderes de grupos, ya plenamente identificados y ligados a manejos de armas y estupefacientes. Hay muchos otros, en la capital provincial.

En medio de estas disputas, hay niños que resultan víctimas. Hace algunos días una nena de cuatro años fue alcanzada por el rebote de una bala perdida cuando se encontraba en la vereda de su casa de Barrio Municipal, junto a su madre, tomando mate. El lamentable episodio se vivió cuando dos sujetos perseguían a otros en una motocicleta y tras efectuar disparos durante la persecución, el rebote de uno de los proyectiles, impactó en el cuerpo de la chiquita.

También ocurrió el caso de Francisco, de 14 años. Códigos supo que el chico perdió un ojo, consume droga, es adicto y “escapa” de las manos de su madre, su situación. Mirta asegura que está “desesperada” e indica que “no es miedo” lo que siente, que “vivió en barrio Municipal, y que sabe “como es la gente de ahí. Los vecinos me han dicho, `fue tal chico, el que le dio´ a Francisco, pero más que eso no me dicen. `No des mi nombre porque tengo miedo´, me dicen”, expresa.

“Necesito que la policía investigue, que encuentre el maldito aire comprimido que dicen que uso para tirarse solo, que hagan lo necesario para saber. No sé donde lo habrán escondido, porque esa gente esconde todo”, manifiesta además la mujer, quien afirma, ante la consulta del periodista, que “sí” existe el “mundo narco”, en el lugar. Deja en claro que la droga se vende en casas de familia. Cuando ella ha peregrinado por diferentes lugares, en búsqueda de su hijo le han dicho “`Acá no está, tu hijo´, pero cuando yo me voy a la plaza, le avisan y él sale corriendo”. Asevera que “lo esconden, para seguir teniéndolo de “cliente”.

También ha recurrido a la justicia: “Me he cansado de ir. No me firman un p… papel, para que lo puedan buscar a mi hijo. De Minoridad me dicen que no puede ir porque les agarran a piedrazos el móvil”. Ya quebrada en llanto, se lamenta: “Mi hijo puede morir en cualquier momento”. Manifiesta conocer la realidad de la droga y reflexiona: “Quiero recuperar a mi hijo”. Además ha pedido ayuda al Copnaf, pero “me han dicho que hasta que no tenga 18 años, no se puede rehabilitar, que no hay centro de rehabilitación para menores”.

En Barrio San Jorge, “banditas” de menores que no tienen más que 10 o 12 años, dirimen sus diferencias con armas o a gomerazos con perdigones de plomo, pudo saber Códigos. Allí un chico perdió un ojo y su tía pide “desesperadamente” que “se haga algo”. Lautaro, tiene ocho años, está en Buenos Aires, internado, por un hecho ocurrido hace casi una semana atrás. Estela Barzola contó que el suceso se registró “afuera de la casa, mientras jugaba en la vereda, con sus hermanos. Un gomerazo con un proyectil de 9 mm le impactó en el ojo, y ahora está en terapia, en Buenos Aires”.

“Es todos los días lo mismo, a los gomerazos. Son chicos de 8 a 13 años. No se dónde están las madres cuando sus hijos están en la calle. No toman conciencia. No sé quien lo tiene que resolver” afirmó. En tanto, la mujer confiesa otro dato: el pequeño es hijo de

Héctor “Pin” Barzola que murió en mayo de 2009 luego de batirse a balazos en barrio San Jorge con un grupo de sujetos con los que existían cuentas pendientes.

La madre de Lautaro tiene 26 años y tres hijos más. Desde la muerte de Pin “le prometieron que la iban a ayudar”, detalló su tía.

“El chico que le tiró tiene 13 años”, aseveró su tía quien agregó que fue ella misma a la casa del agresor y “la madre nunca me atendió”.

“La policía tiene las manos atadas, ellos me dijeron `vamos, le quitamos las gomeras y salen todas las madres a gritarnos e insultarnos´”. La gente “no se quiere meter, hasta que no le toca. El hecho queda impune, nadie se hace cargo. Es muy violenta la situación, salen a esperarse se c… a palo, se corren, es muy violento. Hay falta de control familiar. Hay mucha droga”, fue contundente al afirmar.

“En el barrio, sabemos quien consume, quien vende, pero todos se callan la boca y están envenenando a los chicos”, puntualizó.

Códigos también consultó al director del Hospital Materno Infantil San Roque, sobre la realidad que se vive. El facultativo admitió que hay adicciones en chicos de 11 o 12 años y que es muy difícil revertir esta situación.

El nosocomio por ser hospital cabecera recibe a diario, casos de niños envueltos en esta problemática. “No estamos ante hechos de violencia, sino frente a chicos adictos”, afirmó.

“Son adictos de 11 a 14 años, los recibimos porque nos corresponde, porque tenemos que atender fundamentalmente la urgencia del adicto. Tenemos una guardia de psiquiatras que le hace de apoyo a la guardia de pediatría central. A veces los casos son para internar, otras no. Después se hace cargo el juzgado de Menores, que les busca lugar, depende el caso se deriva al Copnaf. No obstante la urgencia la recibimos nosotros”, relató.

Analizó que en casos de niños lo que prevalece más “es el centro familiar que la mala junta. Son chicos que probablemente en su núcleo familiar, los adultos son drogadictos o los hermanos más grandes, que consumen”.

Por tratarse de un hospital público, allí se dan casos que desnudan paralelamente, “la marginalidad”, aunque Cati reconoce que la gente que pertenece a “niveles sociales elevados, concurren a otros centros o lo manejan de distinta manera” a este tipo de situaciones.

Enfáticamente pone el acento en que “cada vez es mayor” el consumo de drogas en niños, y se da “cada vez a menor edad”, lo que “es para preocuparse”.

Asimismo indicó que los daños colaterales “se ven a diario” con casos de “balazos, piedrazos, botellazos; esa violencia es producto de la droga”.

Consultado respecto de la rehabilitación de un niño de la adicción, aseveró que “es muy difícil, máxime si no se dan las condiciones, si ese niño sigue en las mismas condiciones en que está viviendo. Hay que cambiar el ambiente para la vuelta: Sucede generalmente que los niños están dos, cinco meses, internados y al regreso se ven condicionados a volver a lo mismo”.

“Yo lo voy a sacar del apuro, de la urgencia, pero todos los organismo del Estado tienen una partecita (de responsabilidad); solos no vamos a llegar a nada. Una cosa es la solución del momento y otra, la solución de fondo”, acentuó.

Pidiéndole una reflexión sobre qué pediría para encaminar la situación, aseveró: “Tener necesidades mínimas para atender lo inmediato. Yo qué puedo pedir… ¿padres con otra formación, con un nivel intelectual socioeconómico mejor?... Si la droga está en todos los niveles, es muy difícil, de un día para el otro, dar vuelta esta realidad. Se necesita una base, otra sustentación. Muchas cosas hay que cambiar

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