Los barrios ciudad "anexo"

Los barrios ciudad "anexo"
Las barriadas sociales que se habitaron hace nueve años no paran de expandirse. Familiares de esos vecinos usurpan terrenos linderos y construyen nuevas casas para dejar de vivir hacinados.

El rosa, el verde, el amarillo y el azul que conforman la paleta de colores de los barrios ciudad hace un fuerte contraste en el gris del ladrillo hueco y el marrón óxido o suave de las chapas y algunas maderas. El fin de estos barrios sociales es una calle de pavimento, pero su expansión desconoce límites.

La necesidad habitacional empujó a muchas familias de jóvenes a dejar sus casas paternas y a construir los “barrios ciudad anexo”.

La convivencia de más de un núcleo familiar bajo el mismo techo es lo que explica en parte este fenómeno de expansión que se está dando en Ciudad Evita, Ciudad Obispo Angelelli y Ciudad de Mis Sueños. En terrenos usurpados, las familias jóvenes más necesitadas buscan su propio espacio y echan raíces en los lugares más próximos a esos barrios en donde crecieron y están las escuelas de sus hijos.

Este proceso está relacionado al desarrollo de la vida en los barrios ciudad. Los más antiguos cumplirán 10 años en 2014 (son justamente estos tres) y muchos de quienes viven hoy en los “anexos” eran unos pibes cuando fueron trasladados a esas barriadas que están más allá de los límites de la Circunvalación.

Pero este proceso de expansión no sólo está conformado por vecinos que crecieron en los barrios sociales. Personas provenientes de otros puntos de la ciudad también están construyendo sus casitas en los “anexos”, para encontrarle una respuesta al difícil acceso que tiene la vivienda en la ciudad.

Desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia reconocen este fenómeno y aseguran que se está trabajando en brindar soluciones, pero indicaron que son procesos que demoran tiempo.

Para quienes ya construyeron su vivienda en los “anexos” la solución más efectiva está en el Banco de Tierras de la Provincia, apuntan desde el ministerio. En el caso de Ciudad de Mis Sueños la usurpación está sobre un terreno que tiene dueño, y en Ciudad Evita el caserío está asentado sobre la traza de un gasoducto, por lo que se tiene que avanzar en cada caso particular.

En Ciudad de Mis Sueños indicaron que se está en un proceso de negociación con el dueño de la tierra para arribar a una solución para los vecinos que están construyendo viviendas de materiales en el lugar.

Por otro lado, desde la cartera provincial resaltaron que el problema del hacinamiento en las viviendas sociales se está atendiendo con el plan “Vida Digna”, que consta de la entrega de un kit de materiales o 12 mil pesos para la construcción de una habitación más.

Según datos suministrados por Desarrollo Social, sólo en los barrios ciudad se ha intervenido en 442 casos con el programa, lo que representa un monto de 5.304.000 pesos en “mejoramiento de viviendas”. Actualmente, se está analizando este programa para continuar con su ejecución.

Este fenómeno en los barrios ciudad comenzó a darse hace unos dos años. Estos caseríos no cuentan con servicio de agua y energía eléctrica y, en muchos casos, los ranchitos no tienen ni baños. Así, estos vecinos se las ingenian para vivir en la marginalidad de la humildad.

Solidaridad por el agua. Cruzando Circunvalación, al sur de la ciudad, se encuentra Obispo Angelelli. Su portal de ingreso está sobre el Camino a San Antonio y su “patio de atrás” colinda con Los Cortaderos y Nuestro Hogar III.

En esos campos secos crece el “anexo” de este barrio ciudad, donde hay una veintena de ranchitos.

Jaquie llegó desde Parque Liceo III Sección a construir su casita porque ya no podía seguir pagando el alquiler. Con el esfuerzo de su marido, que es albañil, pudo comprar los materiales para levantar dos habitaciones, donde viven seis personas: ella, sus tres hijos, su marido y su cuñado.

“Pagábamos 450 pesos de alquiler en el barrio y gracias que nos quedaba algo para comprar comida. Una amiga que tiene su casita en el barrio ciudad me contó que se podía construir en los terrenos de atrás, así que nos vinimos sin dudarlo”, cuenta la mujer.

La distancia entre el “anexo” de Obispo Angelelli y el barrio ciudad es el ancho de la última calle del lugar. Como se trata de un asentamiento no tiene servicios, por eso la señora Gatica, una mujer que vive en una casita amarilla, prestó su conexión a la red de agua para que los nuevos vecinos puedan acceder mínimamente a un servicio tan básico.

Esperanza vive detrás de la calle de Jaquie y está muy agradecida por la ayuda de la señora Gatica. En el ranchito de “Espe”, donde viven siete personas, no hay baño. Los integrantes de esta familia hacen sus necesidades en un pozo negro que usan de letrina, pero sin tener que pagar alquiler se ilusionan con poder llegar a construir algo.

Cesar vivía en la parte del frente del barrio ciudad, pero un día decidió dejar su casa de material con acceso a todos los servicios y mudarse al “anexo”: “Era vivir entre los tiros y los tranzas o mudarme acá para no estar lejos. Yo pude vender mi vivienda y con platita que cobré por una accidente laboral pude comprar los materiales para levanta mi propia casa. No tenemos agua y luz, pero en esta parte del barrio estamos más tranquilos”.

La banda XXI. Dyango (21) tiene dos hijos, 16 hermanos (4 murieron) y su mujer. Hasta hace dos años, estuvo viviendo en la casa de sus viejos, en Ciudad Evita. Él llegó al barrio cuando tenía ocho y cuenta que en la casa de sus viejos vivieron 25 personas. Por lo general eran 21, por eso en el lugar identifican a su familia con el nombre del grupo de cuarteto: Banda XXI.

A los 16, Dyango tuvo su primer hijo, convivió con toda su familia y su expareja. Después se separó y tuvo otro niño con su actual novia. La vida en la casa de la Banda XXI era asfixiante, ya que sólo tiene tres piezas. Las peleas eran una constante, y Dyango, cansado de esa vida, se fue y junto con unos primos y sobrinos armaron varios ranchitos en el “anexo” de Ciudad Evita.

Aquí también se armó un caserío importante. El problema más grave, al margen de la falta de energía eléctrica y de agua, es que el asentamiento está construido sobre un gasoducto, lo que hace que sea imposible planificar la radicación de viviendas sociales en el lugar

“Uno es consciente de todos los peligros pero hay muchísima necesidad, yo no podía seguir viviendo en la casa de mis viejos, era insoportable. Acá, cuando sentimos olor a gas nos vamos, para cuidarnos, pero intentamos vivir lo más dignamente posible nuestras vidas. Yo hice mi casa con maderas y tachos de 200 litros, tuve piso de tierra hasta hace poco. Soy cartonero y albañil. Nos la rebuscamos como podemos”, cuenta el joven.

A una cuadra de la casa de Dyango está Sonia. Ella vivía en la casa de la abuela de su novio en el barrio ciudad, y cuando surgió la posibilidad de la ocupación se fue con su familia al “anexo” para tener independencia.

“No es lindo estar molestando en la casa de otro, no se vive bien así, pidiendo permiso para todo, por eso nos mudamos a estas tierras”, contó la joven.

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