El barrio que se rebeló contra los ritos de un pai umbanda

Denunciaron prácticas de magia negra hasta altas horas de la madrugada. Sacrificios de animales, paseos nocturnos con velas negras y curiosas ofrendas atemorizaron a las familias relocalizadas

Más de un centenar de vecinos pidieron a las autoridades municipales y a la Justicia que expulsen del barrio Padre Mugica al líder de una secta umbanda que los mantiene atemorizados, desde hace más de tres años.

“Desde que este señor llegó con su religión al barrio vivimos aterrorizados, nuestros hijos tienen terror hasta de pasar por el frente del templo”, señala un tramo de la nota que días atrás los vecinos le entregaron a uno de los directores del Instituto Municipal de la Vivienda.

El escrito relata en detalle algunas de las prácticas nocturnas que pusieron en vilo a los habitantes del noroeste de Banda Norte. Denuncia sacrificios de animales, cuyos gritos desesperados se oyen a altas horas de la noche, y procesiones de personas con túnicas y velas que arrojan en distintos puntos del barrio curiosas ofrendas de maíz, pororó y monedas.

El cuestionado pai es José Rodolfo Chavero, un hombre que cuatro años atrás se instaló junto a su pareja en una de las viviendas originalmente destinadas a las familias relocalizadas de la costa del río. Las que vivían en la Avenida Argentina.

Quienes viven cerca de la casa de Vuelta de Obligado 815 aseguran que la llegada de Chavero al barrio Padre Mugica inicialmente no despertó sospechas. Pero todo cambió cuando quedó construido el templo umbanda.

“Empezaron a desfilar personas extrañas y hacían todo tipo de cosas raras. Sacrificaban animales, desde acá se veían las cortinas con sangre, y eso por no hablar de los gritos que se escuchaban, y el ruido de los tambores en plena madrugada”, relataron vecinos que pidieron mantener el anonimato.

Entre los animales que mataban en las ofrendas se contaban desde palomas, pollos y gallos hasta machos cabríos.

“Después que mataban las aves les sacaban todos los órganos y los ponían en una bolsa junto con un papelito que tenía el nombre de la persona a la que querían hacerle daño, y después de eso colocaban la bolsa dentro del pollo y lo enterraban en distintos lugares de la ciudad”, relató la ex pareja del pai, Yolanda Ortíz.

La mujer de 51 años aseguró no formar parte de los ritos umbanda, aunque durante mucho tiempo fue una involuntaria testigo de estas prácticas pues se hacían en su propia casa, en un salón que construyó junto al pai, a poco de radicarse en barrio Mugica (ver “Me hizo creer que construíamos..”).

La ventana de su dormitorio da a la ventana del templo y desde allí dijo ver cómo los integrantes del grupo impregnaban sus cuerpos con la sangre de los animales que sacrificaban.

De a poco, la fama del pai comenzó a expandirse. Su ex pareja, confió que llegaban a verlo seguidores de La Rioja, Canals, Alejo Ledesma, San Basilio y hasta de Buenos Aires. “Venían porque supuestamente él los curaba, pero lo único que hacía era sacarles plata”, dijo Ortíz.

Desde hace una semana, una tensa calma se instaló en este lugar de casas sencillas y familias esforzadas porque el pai se vio obligado a retirar todas sus pertenencias del templo.

Pero ninguno de los más de cien que firmaron el petitorio hoy respiran tranquilos. “Este señor sigue viviendo en el barrio, y tenemos miedo que vuelva a instalar un templo umbanda y todo vuelva a lo mismo”, se preocupó una de las vecinas.

En la nota, afirman que, a un par de cuadras de donde había montado el templo, el pai y su hermana desalojaron de malos modos a una mujer que vivía en Avenida Argentina -Anabela Soledad Romero- y que en enero de este año había ocupado junto a su bebé una casa en el Pasaje Público 2.206.

“Las casas de este barrio se construyeron para que los vecinos de la Avenida Argentina y este señor no era de allá, vino desde el IPV y nunca vivió en la costa”, agregaron los lugareños.

Lo que los firmantes le exigieron a las autoridades del Instituto Municipal de la Vivienda es que desalojen al pai y a su hermana y le asignen esa vivienda a la joven Romero y su pequeño hijo “porque ella es nacida y criada en la Avenida”, dijeron.

Los vecinos no se conformaron con el trámite en el IMV, fueron también a los tribunales para poner al tanto a la Justicia de las prácticas que desde hace un tiempo le robaron la calma al barrio que lleva el nombre de un combativo sacerdote que dedicó su vida a los pobres.

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