En el barrio El Huaico impusieron el nombre de desaparecidos a calles

Familiares, integrantes de organizaciones de derechos humanos y de organizaciones gremiales, participaron ayer del acto de imposición de nombres de víctimas de la represión estatal a avenidas, calles, bulevares, pasajes y plazas del barrio El Huaico.
Del acto participaron la concejal Lucrecia Lambrisca, que es hija de la recordada Lucrecia Barquet, ex presa política y “luchadora antidictatorial”, como la definió su nieto, Emiliano Durán, en un emocionado recordatorio al pie del cartel con la leyenda “Bulevar L. E. Barquet”.

También asistió el presidente del Concejo Deliberante, Tomás Rodriguez, y el concejal Martín Avila. Y estuvieron la ex rectora de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), Stella Bianchi, y el actual rector, Víctor Claros.

Por ordenanza del Concejo Deliberante, aprobada en agosto pasado, se dispuso que en El Huaico se designarán las vías y espacios públicos con los nombres de las víctimas de la Masacre de Palomitas, la matanza de once presos políticos cometida el 6 de julio de 1976, y de los trabajadores, docentes y no docentes, y estudiantes de la UNSa que fueron desaparecidos o asesinados antes y durante la última dictadura cívico-militar.

Ayer por la mañana se realizaron varios homenajes. El primero fue en el comienzo del Bulevar Lucrecia Barquet. Su hija, Lucrecia Lambrisca, destacó el compromiso de su madre y recordó que incluso el último día de su vida estuvo dedicada a la defensa de los derechos humanos, en ese caso atendiendo el pedido de un preso común.

Abuela y nieto

Su nieto Emiliano, que de chico acompañaba a Lucrecia Barquet en sus recorridos en busca de datos de detenidos desaparecidos y en busca de ayuda para los familiares, recordó dos hechos que pintan de cuerpo entero a su abuela: el joven contó que ella llevaba siempre consigo volantes que denunciaban las violaciones a los derechos humanos que cometía la dictadura y que cuando subían a un colectivo los dejaban en sus asientos, un pequeño acto de resistencia, y de difusión de los horrores del terrorismo.

El otro hecho ocurrió en democracia, durante el gobierno del actual senador nacional Juan Carlos Romero, miembros de comunidades originarias acamparon frente a la Casa de Gobierno, en el barrio Grand Bourg, donde vivía Lucrecia.

El Gobierno mandó a reprimir a los manifestantes y cuando éstos escapaban Lucrecia refugió a una veintena de ellos en su casa. “Yo llegué y me encontré con la casa llena, estaban en el comedor, en los dormitorios, y ahí se quedaron como tres días, como la Policía no podía entrar a sacarlos. Así era mi abuela, era una luchadora antidictatorial”.

En ese homenaje hablaron también Cristina Cobos, que recordó cómo conoció a Lucrecia; Tito Rípodas, que recordó al compañero de Lucrecia, Mario Falco; Fernando Tilca, que se refirió a la necesidad de que continúen los juicios por delitos de lesa humanidad; Carmen Hernández, de la Asociación Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Salta (ADIUNSa), que recordó especialmente a Gemma Fernández Arcieri de Gamboa, una de las fundadoras de este gremio.

Al final, Mariana Gamboa, hija de Gemma, leyó un texto poético de Emiliano Nicolay, hijo de Evangelina Botta de Nicolay, asesinada en Palomitas.

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