Cómo viven hoy los vecinos de la zona de la Cooperativa Obrera tras la tragedia. Esperan por la demolición del edificio donde todavía se conserva el santuario que recuerda a las siete víctimas.
En algún momento demolerán el edificio pero todavía no se sabe cuándo. Se calcula que podrá ser una vez iniciado el juicio a los tres imputados por la causa -Néstor Guerrero, Alberto Diez y José Silva-, pero no se sabe con precisión.
Mientras tanto, los chicos de la escuela lindante tienen un sector del establecimiento clausurado; la calle Ortega y Gasset está cortada con vallas y custodiada por policías; los vecinos de en frente tienen que acceder a sus viviendas por Las Gaviotas; cerró el Banco Provincia de Neuquén, también una librería y las ventas cayeron de manera considerable.
Entre las vallas que impiden el acceso juega un niño sobre la calle de tierra, lo cuida Hugo Vivanco, quien vive justo frente al edificio que se derrumbó en octubre pasado. "Por suerte yo no estaba, llegué dos horas después y esto era un caos, parecía una guerra", cuenta mientras el nene corre por la calle.
Dice que está todo igual desde que se fueron los equipos aunque hace unas semanas comenzaron a trabajar adentro del edificio. "Se ve gente, están apuntalando la estructura porque hay riesgos de que se caiga lo que quedó", comenta.
Sobre Ortega y Gasset varios comercios sufrieron pérdidas en las ventas. Después del derrumbe tuvieron que cerrar por una semana porque estaba inaccesible el lugar, después la gente prefirió evitar la zona.
"Circula mucha menos gente que antes, es como que eligen otros caminos", dice Luciana detrás del mostrador de la tienda de ropa infantil GNC. Por la vidriera se ve el ingreso al ex supermercado y no puede evitar transmitir tristeza. "Cada vez que hay una marcha de los familiares unas horas antes la zona queda despoblada, no pasa nadie", cuenta. El jueves hubo otra en reclamo de justicia.
Cambios
Lo primero que cuentan los vecinos es en dónde estaban al momento del derrumbe. "Yo justo me fui a hacer un trámite pero a esa hora siempre me cruzaba con el nene a comprar para la cena", cuenta Hugo. En los comercios todos repiten lo mismo, iban al supermercado de manera cotidiana.
Todo parece igual en la zona, las paradas de colectivo siguen usándose, a pesar de estar debajo de la estructura del edificio; el tránsito sobre Godoy es fluido. La gente circula caminando o en auto sin detenerse en los mensajes de justicia, en las fotos de las víctimas.
Sin embargo, todo cambió. El Banco Provincia de Neuquén fue clausurado así como la vieja librería Tarquín, la cual tuvo que mudarse. "En noviembre nos instalamos acá", dice Matías desde el nuevo local de Belgrano al 4.069.
La mudanza no fue opcional, como el local estaba dentro del mismo edificio de Guerrero, la Justicia lo clausuró por peligro de derrumbe aunque no pasó nada en la estructura que ellos utilizaban. "Todos los costos los asumimos nosotros, nadie nos dijo cuándo se podía llegar a habilitar el edificio", por eso optaron por mudarse a dos cuadras. "Por suerte la clientela sigue siendo fiel a nosotros", dice Matías.
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