Es un paraje donde residen un joven no vidente y su familia. Repararon la casa y llevaron ropa y alimentos.
Juan Manuel Fernández tiene 14 años y a pesar de que es ciego, logró terminar la primaria, lo que es doblemente meritorio porque vive en un paraje de la Línea Sur y hasta este sábado resistía con su familia la falta de condiciones mínimas de vida y las alternativas que le daba el Estado, que siempre incluían una reubicación de su casa de toda la vida.
La organización Viajes Solidarios Bariloche, junto a otras agrupaciones y voluntarios completaron el sábado una nueva campaña de ayuda para darles a Juan Manuel y su familia una mano enorme que mejoró notablemente sus condiciones de vida. Una caravana con más de 15 camionetas y vehículos 4x4 y una treintena de voluntarios dedicó la jornada -renunciando incluso a ver el partido Argentina-Irán- para trasladar los donativos hasta el paraje, distante 150 kilómetros de Bariloche, y trabajó con entusiasmo para mejorar la casa.
La campaña comenzó en mayo a través de la redes y se extendió a los medios de comunicación en junio con una repercusión inusual. La inquietud fue transmitida a los integrantes de Viajes Solidarios Bariloche -que orienta Marcelo Bearzi- por los docentes de la escuela de Corralito, donde cursó la primaria. Y tras conocer el paraje Panquehuau y las dificultades que enfrentaba el adolescente y su familia sus necesidades se transformaron en prioridad.
La convocatoria a través de la redes fue contundente y la respuesta también. Juan Manuel, pese a las postergaciones y carencias, terminó de cursar el séptimo grado y ama la tierra que comparte con su madre y sus tíos.
Las promesas de traslado de los funcionarios de Desarrollo Social de la provincia no los convencían ya que solo necesitaban mejorar las condiciones de vida en el mismo paraje donde subsisten de sus animales y de la tierra. Con ese objetivo comenzó la colecta que logró reunir un tanque de agua de 1.000 litros, las mangueras para llevarla desde la vertiente hasta su hogar, un generador que fue cambiado por paneles solares para facilitarles el acceso a la energía eléctrica, madera, algunos materiales de construcción, algunos muebles, colchones, ropa de abrigo y alimentos no perecederos.
El trabajo en la vivienda fue tan intenso como los preparativos previos al viaje.
Los voluntarios también armaron un sistema de captación desde una vertiente cercana para que la vivienda disponga de agua, instalaron un panel solar y el cableado para dotar de luz a la familia y cortaron una buena cantidad de leña para ayudarlos a pasar el invierno.
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