Se ven pocos turistas en la ciudad. El trabajo dista mucho de lo que se esperaba.
Lejos de las continuas colas para comer en los tradicionales locales, y las caminatas esquivando gente por la peatonal y el paseo comercial Güemes, este año la imagen de los típicos lugares de esparcimiento y compras de la ciudad tienen una fisonomía más cercana a la de un sábado común que a la de la vorágine de las vacaciones.
Entre el factor de la salud y la incertidumbre económica que las elecciones no pudieron borrar del todo, tanto desde los ámbitos privados como públicos reconocen que el trabajo dista mucho de lo que se esperaba, a pesar de las promociones y liquidaciones.
De todas formas, siempre es posible encontrarse con gente aprovechando para recorrer la ciudad, como el caso de una familia de Chaco y Corrientes, que coincidió en Mar del Plata y ayer realizó el tradicional paseo por la banquina chica de los pescadores y el centro comercial del puerto.
Otra familia, de una localidad del Conurbano bonaerense, reconoció que se tomó unos días para pasear mirar vidrieras y comparar precios. "El último día, según lo que quede, veremos si compramos alguna ropa" confiaron.
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