El Taladro y el Santo se llevaron un punto que no le sirve a ninguno en el combate por zafar de la Promo y el descenso. Y aunque el local mereció más, el 0-0 fue feo.
El equipo de Falcioni y el de Roldán jugaron un encuentro en el que se vieron, apenas, siete u ocho tiros (algunos tiritos) al arco. Se notó que la cercanía del final de la temporada apichona a un San Martín que intenta jugar muy bien de local y al que le cuesta de visitante. En este torneo ya había perdido ante Huracán, Godoy Cruz y River (sólo le igualó 2-2 a Argentinos), así que se entiende la precaución, aunque una precaución inusual viniendo del Santo. Con Ervitti como eje y Silva como pivot, Banfield lo superó en el primer tiempo y mereció convertir. A Falcioni le funcionó la velocidad que ganó el equipo por derecha con Barraza y Bertolo (estático en la banda, aunque cumplidor), una especie de remake de su primer Banfield, cuando Adrián González desbordaba y amenazaba con sus centros. Las chances más claras, de hecho, fueron un cabezazo de Silva, una palomita (centro de Ervitti) que el uruguayo no conectó y un fácil derechazo de un Bertolo (atajó Gutiérrez en dos tiempos) que había hecho la diagonal desde la derecha hacia el medio.
Pasado el único momento de fútbol (podría escribirse entre comillas), Banfield se hartó y empezó a jugar como la defensa tucumana en el primer tiempo: a los viandazos. A la visita ya la había complicado la salida de Pérez Castro por lesión, porque sólo en el Pato Pérez, entonces, podía encontrar a alguien que la pidiera y limpiara la jugada. Sin embargo, ni Cantero ni el enganche lograron eso, y sólo con centros atacó el Ciruja. Centros que, para colmo, contagiaron también al local, y así salieron los últimos 45 minutos. Raymonda, temeroso por el dengue, se puso Off, o sea: se apagó. O nunca se encendió, en realidad. Gutiérrez dominó el aire en cada centro y Noce fue su socio ideal. Para el final, un 0-0 previsible, sufrido, que no le sirve a ninguno. Ni a Banfield, porque se le pueden acercar Racing y Central, y menos a San Martín, que aún sigue hundido en los barros del descenso.
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