Las autoridades afirman que estos ataques son “comunes” y admiten tener dificultades para ordenar el tránsito en las noches. Agentes lesionados y móviles policiales rotos son algunas de las consecuencias del accionar de los “motoqueros”. ¿Cómo poner límites?
El último episodio grave ocurrió durante la madrugada del domingo, cuando un grupo de jóvenes que se movilizaba en moto apedreó un patrullero e hirió a un agente de tránsito, hecho –éste último- que motivó la radicación de una denuncia policial.
Sin embargo, algo que debería ser excepcional se ha convertido en cosa de todos los días, según lo indicaron las propias autoridades locales.
“Últimamente es común que apedreen a los patrulleros. Lamentablemente, la sociedad está muy mal y la verdad no sé a dónde vamos a llegar”, afirmó Oscar Carrizo, flamante comisario de la seccional policial Primera de nuestra ciudad.
En tanto, el titular de la Agencia de Seguridad Vial, Daniel Kelly, sostuvo que los jóvenes están “demasiado enardecidos” y contó que, tras varios controles realizados en la madrugada de ayer, se constataron daños en la dependencia de calle Liliedal.
Controles y represalias
En diálogo con DEMOCRACIA, Carrizo afirmó que durante los fines de semana, unas 400 motos se movilizan por la zona céntrica juninense, sin respetar las normas de tránsito y ocasionando serios disturbios entre los vecinos.
“Nosotros los interceptamos cuando se detienen o se van solos a una plaza, porque si los agarramos en grupo, las represalias son terribles”, afirmó y agregó: “En el pasillo de la comisaría ya no caben más motos. Tanto nosotros como los agentes de tránsito las retenemos, pero el trabajo debe hacerse con cuidado”.
En este sentido, el comisario contó que hace poco más de un mes varios patrulleros estacionados en la sede policial fueron destrozados, en una especie de “venganza” por los operativos realizados.
En la misma línea, Kelly dijo que, tras las retenciones de motos realizadas el domingo último en la avenida Benito de Miguel, un grupo de jóvenes “lastimó a un agente con una piedra y arrojó botellas contra una grúa municipal”, ocasionando un serio riesgo para su conductor, que, de milagro, pudo sortear la situación sin ser lastimado.
¿Y los límites?
El jefe policial manifestó su preocupación por el estado de cosas y llamó a los padres a poner límites más estrictos sobre los adolescentes.
“Hay chicos de 14 años que rodean y encierran a los conductores y que están en la calle hasta tarde todos los días. ¿Y los padres? Nadie les pone límites”, aseguró.
Respecto de las soluciones posibles, dijo que las picadas no podrán ser eliminadas con medidas represivas, sino con un fuerte trabajo de concientización, realizado de manera conjunta por la Policía, el Municipio y otras instituciones competentes.
“El personal está en la calle y está trabajando mucho. Pero ni el personal ni la logística son suficientes. Hace falta educación y concientización”, manifestó.
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