El IOR, Instituto para obras de religión, más conocido como el Banco Vaticano, registró en 2012 una utilidad neta de 86,6 millones de euros, cuadruplicando la de 2011, que fue de 20,3 millones. Esto permitió al IOR aportar una contribución de 54,7 millones de euros a la Santa Sede y destinar 31,9 millones a la reserva de riesgos operativos generales, según un balance anual 2012 difundido ayer.
“Nuestra atención se concentra sobre una gestión para conservar y una baja exposición al riesgo”, finalizó.
El Instituto protege los depósitos y los bienes patrimoniales de sus clientes, invirtiendo en especial en títulos a tasa fija, títulos de Estado y depósitos a término en el mercado intercambiario. En promedio, menos del 6% de los activos es invertido en acciones y en fondos administrados externamente.
“Además de proteger el patrimonio confiado a nuestro Instituto, nuestra misión es responder a las exigencias de nuestros clientes ofreciéndoles, a través de nuestros bancos correspondientes, servicios de pago rápidos, dedicados y eficientes en términos de costos”, afirmó Von Freyberg. “Este servicio global es único en su tipo, consideradas las dimensiones de nuestro Instituto”, dijo.
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