La bala que paró el carro del progreso

La bala que paró el carro del progreso
Juan José Nieva (24), el carrero baleado en Marqués anexo, sigue grave. Se compró el carro con el sueño de progresar e irse del barrio.

"No hay caballo y no hay carro, tuvimos que vender todo para costear algunos gastos”, dijo Bety, la mamá de Juan José Nieva, quien accedió a una entrevista con Día a Día esta semana.

Nieva “la ligó de arriba”, cuentan: fue baleado en el pecho el miércoles 28 de agosto cuando, a 200 metros de donde estaba sentado, se produjeron disparos durante el “rescate” de una moto robada en el barrio.

El joven, que está en pareja y con una hija de crianza, hacía dos meses que había comprado un carro y un caballo para trabajar, con la ilusión de “cambiar de vida”.

“El proyecto de él era empezar a trabajar en el carro, en un futuro tener un hijo más, irse a otro lado a vivir, porque no le gusta el ambiente para su hijo, para criarlos de otra manera, tenía un proyecto muy hermoso mi hijo”, contó Bety.

“Juanjo”, como le dice la familia, ya tuvo dos operaciones, sigue con respirador artificial, perdió salud, el carro y el caballo. Para hacerse carrero, como lo había sido su padre, Bety tuvo que ayudarlo: había pedido un crédito de tres mil pesos. Días atrás, para pasar la semana viajando y “viviendo” en el Hospital de Urgencias, vendieron todo por mil pesos.

“Esto lleva plata. Si bien en el hospital gracias a Dios nos han dado muchas cosas, nosotros estuvimos una semana plantados acá, viajar y comer cuesta. Hasta ahora no hemos tenido gastos médicos, más que los pañales, que es lo que nos piden, y después un gel y otras cositas, lo demás sale de esto, de lo que vendimos el carro”, relató.

Héroe carrero. En el Marqués las balas tienen fecha y lugar. La balacera se inició frente a la casa donde vivía Mauricio Rodríguez, el joven que recibió dos balazos en la espalda, al parecer de un arma que llevaba Claudio “Nerola” Gómez. Rodríguez cayó baleado el 20 de abril en otra esquina del sector, estuvo varios días en el Hospital de Urgencias, sobrevivió, y junto a sus padres, José y Silvina, se fue para siempre del barrio.

A dos cuadras de la excasa de Rodríguez, estaba sentado Juanjo fuera de la vivienda de un amigo. “Tomaban una cervecita”, relató Anahí, su pareja.

Nieva había pasado toda la tarde colocando las herraduras a su caballo y, esta vez, descansaba sentado en la vereda. Tenía en brazos a la hija de su amigo, una beba de 11 meses. Nieva intuyó la situación y actuó: “Él escucha el sonido de la bala y le entrega la beba a la madre, y ella la mete adentro. Cuando queda sentado, la bala impacta en él, así que fueron segundos”, reconstruyó Bety.

En el Marqués se sabe, las ambulancias tardan, y esa noche hubo otro héroe, un desconocido que trasladó a la familia al hospital.

“Me paré al medio como hubiese hecho cualquiera, entonces abrí los brazos y las piernas y me paré al medio. El auto me hacía seña de luces y me pedía por favor que me corra y yo le dije que mi hijo estaba herido de bala, que me ayudara”, reconstruyó la mujer, ese momento desesperante.

“Él me dijo: ‘Lo único que quiero es que no me compliquen en nada’. Era una persona que ni siquiera me conocía. Mi hijo, cuando llegó al Urgencias, llegó sin sangre: cinco minutos más si yo llamaba a la Policía, hasta que la Policía llamara una ambulancia, mi hijo se iba a desangrar. Esa noche a Juanjo le pusieron 10 litros de sangre y ocho de plasma”, contó.

Otra oportunidad. “Este chico le quitó todo a mi hijo”, dijo Bety refiriéndose a quien efectuó el disparo y que todavía sigue prófugo.

Nieva tiene diez hermanos de parte de su madre. Su padre fue carrero y ahora vive en Villa del Rosario.

Antes de ser baleado, vivía en Ramal Sur, pero cuando estaba en El Pueblito se le hizo difícil esquivar la suerte de muchos adolescentes del sector.

“Mi hijo fue terrible, pero todos tenemos derecho a cambiar, a hacer bien las cosas. Él cambió, sí hizo sus cosas, soy sincera, pero cambió por su hija, por su mujer y por su futuro hijo”, afirmó su madre.

Tracción a sangre. La mujer, concentrada en las novedades sobre la salud de su hijo, no es ajena a las críticas que reprodujeron distintos medios sobre el uso de animales de carga y se refirió a la situación: “No deben discriminar a los carreros, porque hoy por hoy lo importante es que la persona quiera cambiar y quiera estar bien, más allá de que sólo sea traer un plato de comida”.

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Tres mil

Salió el carro. Para costear los gastos de “vivir” la espera en el hospital tuvieron que venderlo a tan sólo mil pesos.

A sangre

Ganancia. Según su mamá, Juanjo ganaba entre 50 y 200 pesos por día en el carro. “Pero hay días que no hacés nada”, dijo.

Alimento

Alfalfa. Para mantener al caballo hace falta considerar que a diario hay que conseguir alfalfa. El fardo se vende a 40 pesos.

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"El tiro no era para él"

Su familia está segura de eso: “Fue una bala perdida”. La noche del 28 de agosto, alrededor de las 22, en inmediaciones de las calles Del Molino y De la Recova, un grupo de adolescentes tenían una cita pactada.

Al parecer, según la versión de los vecinos de El Pueblito, a las 19 de ese día, tres jóvenes habían robado una moto a otro, y le hicieron saber que se la devolverían si pagaba.

En otras palabras, la víctima del robo tenía que pagar “rescate” por su moto.

Así las cosas, siempre dentro de la misma versión, víctima del robo y sus victimarios se encontraron y hablaron las armas. La bala fue a parar al pecho de Nieva, dañándolo cerca del corazón, el pulmón y el hígado.

El autor del disparo está prófugo. Vecinos del barrio mencionaron que está arrepentido e intentó comunicarse con la familia de Nieva “para pedir disculpas”.

“Esto es por culpa de la droga, las veces que ha pasado esto es porque están empastillados, porque están drogados, lamentablemente hay que decir que es la droga lo que hace todo esto”, se quejó Bety.

Nieva fue operado dos veces la semana pasada para frenar las hemorragias que le provocó el recorrido del proyectil calibre 38 que le abrió el pecho.

Aún no puede respirar por sus propios medios y sigue conectado a un respirador.

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Escapar de la violencia

“Yo daría mi vida por irme, quisiera un campo para llevar a todos mis hijos”, el anhelo de Bety.

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