Aunque nadie se atreve a decirlo públicamente, crece el malestar interno con el ministro de Gobierno y Justicia. Aseguran que fue él quien pergeñó la jugada para quedarse con la presidencia de Diputados, y que terminó en un verdadero escándalo.
Y en este sentido, todas las miradas apuntan al desgastado ministro de Gobierno y Justicia, Javier Silva. El malestar es prácticamente generalizado en los distintos sectores del radicalismo, en el mismo Movimiento Renovador -la línea interna que conduce el Gobernador- y ni hablar entre los diputados oficialistas, que fueron los que sufrieron el escarnio en carne propia.
Al parecer, los hechos se precipitaron de tal manera que dejó a la bancada del Frente Cívico al margen de cualquier decisión. Los diputados se habrían enterado ya con los hechos consumados, es decir cuando la presidenta Provisoria del Senado, Marta Grimaux, ya estaba en el despacho de Barrionuevo haciendo el traspaso de mando. De allí en más, cualquier intento por evitar lo inevitable fue en vano.
Se comenta por los pasillos de la Legislatura que una diputada, en un intento desesperado, quiso sacar a Grimaux del despacho de Barrionuevo, pero ya era demasiado tarde. La estrategia, inconsulta por cierto, había comenzado a consumarse. Desde Casa de Gobierno, se dirigían y monitoreaban cada uno de los pasos, sin tener en cuenta que el adversario (el interbloque peronista) tiene agallas suficientes para redoblar cualquier apuesta. De hecho así lo hizo, y entre el martes a la tarde y el miércoles a primera hora, planearon varias acciones, sin dejar nada librado al azar. Plan A, B, C, D, que abarcaba desde la renuncia de Barrionuevo a la presidencia de la Cámara, hasta la judicialización de la sesión.
Mientras, el Frente Cívico ni siquiera podía contener a su propio bloque, que al no estar de acuerdo con la estrategia armada en Sarmiento al 600, se desangraba en peleas y reproches intestinos. “Hasta aquí llegamos”, refunfuñaban los diputados frentistas, cansados de que se les endilgue los yerros políticos de la Cámara. “Es hora de que este ministro se haga cargo de lo que hace. Tiene que dar la cara, no puede seguir cometiendo tantas torpezas y con costos para el Gobernador”, se los escucha mascullar a legisladores y dirigentes de todos los colores del radicalismo, aunque en voz demasiado baja. Hasta ahora, nadie se atreve a decirlo en público, al menos hasta que regrese el Gobernador de su viaje a Chile.
Los más optimistas confían en que Brizuela del Moral tomará cartas en el asunto. Aseguran que cuando se enteró de todo, puso el grito en el cielo y se molestó muchísimo con la maniobra, sobre todo con el hecho de que Luis Barrionuevo ocupaba su sillón, pero por las dudas esperan a que pise suelo catamarqueño. Ahí sabrán a ciencia cierta si al padre de la criatura le cabe alguna reprimenda por el desquicio institucional que generó, o sigue sus días a los sombras del poder.

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