La presencia de unos 1.200 militares en la nación insular reflejó temores en todo el Golfo Pérsico de un efecto contagio desde Bahrein, donde los chiítas iniciaron hace un mes una ola de protestas contra la reinante dinastía sunnita de más de dos siglos.
Según fuentes sanitarias, los enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad dejaron "cientos de heridos por disparos de escopetas".
Además de querer contener protestas como las ya sucedidas en Omán, Arabia Saudita y Kuwait, los líderes regionales árabes temen que un avance político de los chiítas de Bahrein ofrezca un resquicio para que Irán, histórico rival de los sauditas, expanda su influencia en la parte árabe del Golfo, según analistas.
Gran parte de la capital de Bahrein amaneció casi desierta, con los negocios, shoppings y escuelas cerradas. La policía levantó barricadas que interrumpieron la circulación en calles y autopistas en un aparente intento por limitar los movimientos de los maniefstantes opositores, informó CNN.
En Washington, la Casa Blanca no condenó el ingreso de las tropas ni pidió que se retiren, y exhortó a los países del Golfo a mostrar moderación y "respeto por los derechos del pueblo de Bahrein" y a alentar el diálogo en vez de socavarlo.
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