Es altamente injusto, quizás por la inoperancia de algunos de los dirigentes políticos y deportivos con los que se cuenta, pero se convirtió en la única ciudad que olvidó darle gracias a un tipo que SIEMPRE estuvo a disposición de la selección nacional.
Sin embargo resuena para algunos la copa norteamericana que llegó a Bahía y que lamentablemente sólo pudieron ver y tocar un puñado de amigos de Emanuel Ginóbili, pero de ninguna manera la ciudadanía.
No hay dudas, quede claro esto, que el basquetbolista local es el deportista más importante que brindó nuestra historia, a la altura (o superior, por qué no?) de Monzón, Fangio o Vilas. Un sueño inesperado, un logro impensado, haber logrado 4 anillos de la NBA, siendo un protagonista principal.
Pero eso en el campo de juego. Fuera de ello, Ginóbili nunca se mostró abierto a su gente de la manera, al menos, que todos pensamos, imaginamos y pretendemos. Es decir, abierto a una comunidad que lo vio nacer, caminando las mismas calles, concurriendo a los mismos lugares. Quizás por su forma de ser o por otros motivos pero muchos bahienses no sienten identificación con un hijo de esta ciudad que, a pesar de visitarla, se encuentra lejos de los que la habitan.
El caso más concreto fue el que ocurrió semanas atrás cuando muchos de los nuestros se ilusionaron con ver o tocar la copa ganada por San Antonio Spurs en la NBA, publicitada como tal, pero lamentablemente sólo para algunos afortunados amigos y allegados al jugador.
Eso no está mal, pero no debe ilusionar a muchos, principalmente chicos, adolescentes, que soñaron con tener esa posibilidad, ya que el slogan fue la COPA viaja a la ciudad de Manu, cuando en realidad debió haber dicho, viaja a la casa de Manu.
Esta semana, los bahienses sentimos orgullo, a pesar de la derrota, al ver a un hijo directo de la ciudad, jugando la final de la copa del mundo de fútbol, el deporte más popular del planeta. Allí, y por pocos centímetros, Rodrigo Palacio pudo haber quedado en la historia grande del país.
Sin embargo, el orgullo fue muy superior, no sólo porque se trata de un gran deportista, el segundo nacido en nuestra ciudad que jugó la final de una copa del mundo de fútbol, sino además porque NUNCA le dijo que no a la "CELESTE Y BLANCA", sino porque también varias encuestas lo destacan como un pibe humilde que nunca olvidó su barrio, sus amigos, su cotidaneidad, su simpleza, principalmente con los más chicos, quienes sueñan con ser como él.
Charlas varias, paseos por diferentes escuelas de fútbol infantil coo importante contención social, contacto pleno con bahienses en diferentes lugares públicos, lo hacen una persona que es resaltada como "un tipo común".
A pesar de ello, ni los dirigentes deportivos ni los políticos de Bahía Blanca hicieron nada para recibirlo con los honores que significa haber estado en las pantallas de millones de personas en el mundo vistiendo la camiseta argentina, y destacado como hombre de nuestra ciudad.
Seguramente en los próximos días algunos pensarán esto y sacarán rédito, dentro de sus posibilidades, convocándolo y sacándose fotos al lado de Palacio, para depués ponerla en facebook y twitter.
No más palabras, por ahora sólo pensar si estas reflexiones no muestran una realidad...

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