El municipio tapa muchos pozos, pero quedan miles en calles de asfalto y de hormigón. Se prevén contratar dos equipos más para reforzar las tareas.
Es cierto que, a juzgar por los múltiples parches que se observan en la calzada de diferentes cuadras, las cuadrillas de la Municipalidad y las contratadas a empresas van tapando cuantos pueden. Pero esta obra faraónica nunca termina: mientras se arregla un bache, otro o varios juntos afloran por ahí.
En forma paralela, explotan los reclamos de los conductores que se "tragan" estos cráteres. Podrán esquivar varios, pero es improbable que lleguen a sus destinos sin haber maldecido al aire aunque sea una vez por los que no pudieron sortearse.
En barrios de la periferia muchas calles presentan pequeñas roturas molestas para los conductores y, a veces, baches de proporciones al medio de la calzada.
Hartos de esperar arreglos, los vecinos optan por tapar huecos por su cuenta con los objetos que se les ocurre.
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